Mis libros

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viernes, 15 de septiembre de 2017

Vestigios.


Silencio. Aire puro. Vestigios de carreteras entre las flores y la hierba. Construcciones en ruinas cubiertas por enredaderas. Todo es un bosque encantado ahora. Los animales pastan plácidamente en cualquier lugar, sin miedo. La naturaleza siguiendo su curso, cubriendo de savia cada rescoldo de un pasado artificial, como una leona lamiendo sus heridas.


Poco queda de aquella civilización humana con complejo divino que se dedicaba a destruir lo único que debía proteger. Aquella catástrofe natural les enseñó a los pocos que consiguieron sobrevivir que La Tierra es quien manda. Ahora no son más que tribus, como en sus orígenes. Puede que más evolucionadas, pero siempre en simbiosis con su planeta. El respeto es la nueva ley.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Vengo a confesarme.

Hoy vengo a confesarme. Este no es un relato ficticio, ni siquiera una historia basada en hechos reales. Esta, señores, es mi realidad. Tengo veintidós años, una hermana maravillosa, tres perros, soy adicta a la lectura,  convivo y combato desde hace al menos siete años con el dolor crónico provocado por la fibromialgia y tengo los ojos azules. Así, sin más. 

La fibromialgia lleva en mi vida tanto tiempo que simplemente es un demonio más al que enfrentar cada mañana. Un demonio que me limita y me presiona, pero nunca he sido de las que se rinden con facilidad. Ella lo sabe, yo lo sé, por eso prosigue la lucha. Mi vieja enemiga me ha enseñado el lado feo de la vida. No, no solo me lo ha enseñado, me lo ha tatuado en la piel, ha clavado la aguja tan profundamente que la tinta ha llegado a mis venas y el tatuaje me ha marcado el alma. La fibromialgia es una enfermedad que provoca dolor musculo-esquelético crónico, mareos, fatiga, alteraciones de la memoria, neblinas, etc. En resumen, una tortura diaria que jamás te da tregua. He aprendido a apretar los dientes y a avanzar en mi camino, arrastrando conmigo el resto de mi cuerpo. Me he envuelto en una armadura resistente a la gente que no me comprende y he descubierto como caminar sobre lava ardiendo. Soy inmune a las caras largas y a los "no lo conseguirás". También a los "¡Joder! Tú siempre estás enferma" y a los "¿qué te duele ahora?", siempre acompañados con ese extraño retintín en la voz que solo usan los que creen conocer el secreto de la vida. Aprovecho ahora para decirle a toda esa gente (los cuales estoy segura de que sabéis quienes sois) que está bien, os perdono esas faltas de respeto pasadas y también las que cometeréis en el futuro. Solo se entiende la estructura del infierno si has vivido en él y yo tengo marcas del látigo del diablo. 

¿Por qué me confieso hoy? Supongo que últimamente he visto demasiado movimiento con respecto a esta enfermedad. Movimiento erróneo, en su mayoría. Sin embargo, en el día de hoy he visto movimiento valiente, corrimientos de tierra porque una muchedumbre procedente del mismo infierno en el que yo resido ha decidido alzar la voz y decírselo al mundo. Todo gracias a una primera valiente, conocida como Lady Gaga, que ha decidido hablar abiertamente de esta enfermedad. Una de esas enfermedades invisibles que es más fácil dejar guardada en un cajón y no investigarla porque no "compensa". Una de esas que por falta de conocimiento se trata y se cataloga de forma equivocada. Una de esas que provoca que el paciente sea tratado como un delincuente en lugar de como una víctima. 

Hoy me confieso y hago un poco más visible lo invisible. Hoy, como siempre y a pesar de todo, sonrío. 


lunes, 11 de septiembre de 2017

En las nubes.

A veces, cuando sueño, me olvido de vivir, pero es que cuando vivo, me olvido de soñar. Prefiero vivir en las nubes, creando y mutando, componiendo e inventando, a vivir atada a la gravedad de La Tierra. Mis pies están cansados de pisar el suelo, de arrastrarse por calles demasiado transitadas cargando el peso de las preocupaciones mundanas. Están cansados de clavarse astillas, de hacerse heridas innecesarias siguiendo los senderos mal delimitados que muchos otros antes marcaron en un mapa automatizado. Mis pies quieren crear un sendero nuevo, quieren dejar sus huellas en las nubes, en las estrellas, en el cielo... Mis pies quieren volar. 

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Bonita casa.

El sonido de la puerta de entrada cerrándose bruscamente me despierta en plena noche. Abro un ojo, como buenamente puedo, y miro el despertador digital que brilla en la oscuridad de mi mesita de noche. Las tres de la madrugada. Somnolienta y aturdida por las pastillas para dormir que me veo en la necesidad de tomar cada noche, pregunto a la oscuridad:

- ¿Mario? 

No es hasta quince segundos después que me doy cuenta de que es imposible que sea él. Mario me dejó hace tres meses por la hermana de mi mejor amiga, con un mísero y cruel mensaje, vaciando los armarios mientras yo no estaba en casa y desapareciendo de mi vida como las nubes de las tormentas de verano, sin dejar rastro. En ese momento de clarividencia mis sentidos se despiertan por completo, la adrenalina comienza a subir por todos los recovecos de mi cuerpo a la par que el miedo se incrementa a cantidades insanas. Me levanto silenciosamente, cojo la lámpara de la mesilla a modo de arma y me asomo a la puerta de mi habitación que da directamente a un pequeño salón donde la ausencia de muebles me recuerda cada día mi precariedad económica. Un movimiento a mi izquierda hace que me estremezca. Decido encender la luz, prefiero ver de frente a quien sea que se ha colado en mi apartamento sin permiso. 

Con el primer parpadeo de la bombilla alguien me agarra con brusquedad por la espalda, poniéndome una mano enfundada en un guante, de lo que parece ser látex, en la boca y la otra me agarra fuertemente las manos a la espalda. Siento como una respiración húmeda y cálida se acelera en mi cuello y susurra en mi oído: 

- No lo hagas más dificil.

 Entonces, el miedo desaparece, me siento como en un sueño, sumida en una profunda relajación antinatural, dejo de pelear y de moverme y mi agresor retira la mano de mi boca. 

- Buena chica - me dice. 

En ese momento coge algo que no alcanzo a ver y me mueve como si fuese un mueble más hasta delante del espejo del recibidor, no soy consciente de lo que está pasando realmente hasta que veo su reflejo en el espejo. Su rostro no es más que un amasijo de piel quemada, los ojos no se distinguen, su nariz está deformada y lo único impoluto es una boca que sonríe en una mueca monstruosa. El horror vuelve a invadirme por completo como una ola arrasadora en un rompiente y él ahoga mi grito poniendo una cuerda alrededor de mi cuello. Apretando. Matando.

- Bonita casa - es lo último que escucho.


martes, 5 de septiembre de 2017

El Guardián Invisible de Dolores Redondo.



Título: El Guardián invisible.

Autora: Dolores Redondo.

Portada:


Sinopsis:

"En los márgenes del río Baztán, en el valle de Navarra, aparece el cuerpo desnudo de una adolescente en unas circunstancias que lo ponen en relación con un asesinato ocurrido en los alrededores un mes atrás.
La inspectora de la sección de homicidios de la Policía Foral, Amaia Salazar, será la encargada de dirigir una investigación que la llevará de vuelta a Elizondo, una pequeña población de donde es originaria y de la que ha tratado de huir toda su vida. Enfrentada con las cada vez más complicadas derivaciones del caso y con sus propios fantasmas familiares, la investigación de Amaia es una carrera contrarreloj para dar con un asesino que puede mostrar el rostro más aterrador de una realidad brutal".

Cita favorita:

"El llanto fue cediendo y se quedó así, desolada, sintiendo que su alma era una casa en el acantilado, en la que unos dueños despreocupados habían dejado puertas y ventanas abiertas a la tormenta y ahora una furia impía estaba barriendo su interior, arrasándolo por completo, haciendo desaparecer cualquier vestigio del orden con que ella había pertrechado su interior. La ira era lo único, crecía en los rincones oscuros de su alma ocupando los espacios que la desolación había dejado vacíos. La ira no tenía objeto, no tenía nombre, era ciega y sorda, y la sintió crecer por dentro tomando posesión como un incendio avivado por el viento".

He leído este fragmento unas tres veces seguidas y creo que no me cansaré jamás de leerlo.

¿Por qué es especial?

Podría dar mil y una razones, pero me quedo con las siguientes: las descripciones, los personajes y los giros argumentales. Me gustan los relatos en los que consigo sentirme parte de la historia de una forma u otra, sentir de alguna manera que he estado en el lugar que se describe o que me siento identificada con algún personaje. Me gusta que haya algo que me haga conectar de forma especial y personal con la historia. La calidad descriptiva de esta novela y, por lo tanto, de su autora, es óptima. Cada línea, cada palabra, cada escenario... Todo, absolutamente todo está escrito con tanto mimo que te transporta al mismísimo Baztán. 

No he tenido la oportunidad de leer el resto de la trilogía, pero cuento los días que faltan para hacerlo tanto como cuento los días que faltan para celebrar mi cumpleaños (por cierto, es el veintisiete de este mes, por si los regalos y tal...).