jueves, 30 de marzo de 2017

IMPACTO


Choque de un proyectil o de otro objeto contra algo o alguien.

Lo único que recuerdo es el impacto. Íbamos de regreso a casa tras hacer una visita a mi tío en el hospital. Recuerdo lo insustancial de la conversación, como desviábamos la atención de nuestra verdadera preocupación hablando del tiempo o del tráfico. Recuerdo como la devastadora imagen de mi tío en aquella cama, casi irreconocible y sin energía tan siquiera para decir hola, nos perseguía desde la mismísima puerta del hospital. Sin embargo, por más que lo intento no recuerdo como llegamos a aquel barranco, solo el impacto contra el poste que posteriormente cayó sobre el coche. Mi madre murió en el acto, sin sufrimiento, sin despedidas... Mi padre agonizó lentamente durante más tiempo del que quisiera recordar. El poste había caído encima de la parte delantera del vehículo, matando a mi madre con un golpe seco y dejándola aprisionada en el interior del coche durante horas, aplastando las piernas de mi padre, generándole cortes de los que brotaban una fuente de sangre incontrolable. Murió por desangramiento, gritándole al cadáver de mi madre que por favor no nos dejase. Se fue apagando poco a poco ante mis ojos. En el mismo momento del impacto lo supe: íbamos a morir. Intenté por todos los medios mantenerlo despierto, salir del coche y ayudarlo, moverme... Pero yo tampoco podía, estaba encerrada en ese ataúd metálico en el que se había convertido nuestro coche, viendo como la luz de los ojos de mi padre se extinguía, gritando, suplicando ayuda... 

No sé cuanto tiempo después llegaron los bomberos o las ambulancias, solo sé que perdí el conocimiento y que desperté sola en una habitación de hospital, desorientada y sin movilidad de cintura para abajo. La parálisis de mis piernas es el demonio que me recuerda lo cruel que puede ser la carretera. 

Días después de despertar en aquella lúgubre habitación de hospital me enteré de la razón de nuestra desgracia. Un conductor ebrio se había aventurado en sentido contrario, provocando tres accidentes similares al que nosotros padecimos. En total cinco vidas fueron sesgadas de golpe y sin explicación de manos de un desgraciado en busca de adrenalina. No hay un solo día en el que no sienta la tristeza propia de la pérdida, el vacío en el pecho, una mano invisible arrancándome el corazón. Al igual que no hay un solo día que no sienta un odio atroz e incontrolable reclamando venganza, más que justicia.


miércoles, 29 de marzo de 2017

REVOLUCIÓN


Cambio rápido y profundo en cualquier cosa.

Haz locuras. No pienses, simplemente actúa. Pensar, a veces, no es la mejor opción, al contrario, te lleva a privarte de cosas que pueden ser maravillosas. Sal, baila bajo la lluvia, hasta que salga el sol, descalzo, sin preocupaciones... Corre, corre tan rápido que tus pies no toquen el suelo. Vuela y mira hacia abajo, olvídate del vértigo y disfruta las vistas; el mundo está a tus pies, listo para que lo hagas tuyo. Camina y pisa fuerte, deja tu huella allá a donde vayas, haz que cada paso cuente. Ríe fuerte, canta en alto, besa mucho, abraza más... Siéntelo todo, recuerda que estás vivo y eso implica una responsabilidad. No pases por el mundo asustado, de puntillas, escondiéndote...¡No! Reclama tu lugar, sé valiente. Cierra los ojos, respira hondo y sonríe. Nunca dejes de sonreír. A veces, una sonrisa puede iniciar una revolución.
"Nunca dejes de sonreír".

martes, 28 de marzo de 2017

DÓCIL



Suave, apacible, que recibe fácilmente la enseñanza.

Las montañas siempre habían sido el hogar de Óscar, pero tenía que admitir que  la calma que, por lo general, las había caracterizado había ido desapareciendo paulatinamente. Las bajas entre los pocos vecinos que tenía habían ido en aumento con el paso del invierno. Ya solo quedaban la vieja y dócil Emilia, don Bartolomé, el nieto de éste, que se llamaba Julián y el anciano cura que se había negado a abandonar la capilla cuando el pueblo comenzó a convertirse en una de esas escenas de fantasmas años atrás. Óscar, al igual que el anciano párroco, había hecho caso omiso a las súplicas de sus familiares y amigos; no estaba dispuesto a abandonar la cabaña que durante generaciones había dado cobijo a su familia y mucho menos estaba dispuesto a renunciar al silencio y la belleza que la montaña le regalaba.

"...no estaba dispuesto a abandonar
la cabaña que durante
generaciones había dado
cobijo a su familia".
Aquella mañana de invierno, la nieve apareció teñida de rojo. Óscar siguió el rastro de sangre que centelleaba entre la impoluta blancura y acabó adentrándose en lo más frondoso del bosque. Ninguno de sus escasos convecinos se había levantado todavía y nadie sabía que el hombre se había aventurado sin mapa ni brújula en aquel oscuro paraje. Caminó durante cuarenta minutos hasta que el rastro se hizo imperceptible, miró a su alrededor en busca del origen de la sangre, pero no encontró nada ni a nadie. De repente, un suave alarido, menos sonoro que un suspiro, reclamó su atención. Óscar entornó los ojos e intentó agudizar el oído.

- Huye.... Huye.... Es una trampa...

La voz de don Bartolomé llegó a sus oídos como un soplido de viento. Antes de que le diese tiempo a tomar una bocanada de aire, una criatura mitad bestia mitad humana, le arrancó un brazo de cuajo. Óscar no gritó, no lloró ni sintió nada, solo pudo contemplar la belleza del ser que lo devoraba y darse cuenta de que la vieja Emilia  no era ni tan vieja ni tan dócil.


lunes, 27 de marzo de 2017

AGONÍA


Pena o aflicción extrema.

Samuel se dirigía hacia su casa con los auriculares puestos y las penas a raya. Era una tarde de otoño hermosa, de esas que te incitan a correr entre las hojas secas y lanzarlas al aire. Hacía ya varios días que el muchacho había decidido seguir adelante, la muerte de su madre no podía perseguirlo eternamente, debía pasar página y comenzar su historia en un renglón en blanco. La música sonaba alta en sus oídos, contagiando de electricidad cada célula de su cuerpo, que ahora danzaban enérgicas implorando la extracción del jugo de la vida que solo la música puede estimular.

"El muchacho se quedó solo en
un mundo gris".
Estaba a dos pasos del portal, a dos pasos de llegar a su casa y respirar la ansiada libertad del descanso tras una larga jornada laboral, cuando todo se torció. Una patrulla policial entró apresurada en el edificio y, cortándole el paso, fue informado de que algo había sucedido y que tendría que esperar hasta nuevo aviso para poder entrar. La electricidad que la música había provocado en su cuerpo se había apagado por completo. A pesar de que la melodía seguía igual de alta, Samuel ya no podía oírla.  Instantes después, fue un testigo más entre el expectante tumulto apostado tras el cordón policial, de la extracción de un cuerpo sin vida a través de la puerta principal. La salida de un cuerpo vacío, sin alma rota ya, que dejaría todavía más vacía el alma del muchacho.

Tras dos días de agonía lenta junto al féretro de su padre, Samuel pudo por fin descansar. El hombre no había podido soportar la pérdida de su mujer apenas dos meses atrás y había puesto fin a la tortura que padecía por su ausencia. Pereció en silencio, en soledad, sin que nadie le impidiese su ansiada meta: reunirse con su amada de nuevo. El muchacho se quedó solo en un mundo gris, viéndose forzado a convertirse él también en un ser desprovisto de color. El jugo de la vida en su interior se había secado, la electricidad había desaparecido.

sábado, 25 de marzo de 2017

MANUSCRITO


Texto escrito a mano, especialmente si tiene algún valor o antigüedad, o es  de mano de un escritor o personaje célebre.

"...e inagotables fuentes
 de ideas a la hora de
ponerse frente a la temida
 página en blanco".
Las páginas del libro comenzaron a correr de nuevo. La tinta, apenas un momento antes sólida, había vuelto a su estado líquido original, fluyendo por la mesa del novelista cual río a rebosar en plena tormenta. El joven Gerard se había quedado dormido entre manuscritos, tinta, papeles en blanco y desechos de una novela que parecía inacabable. Ajeno a lo que sucedía a su alrededor, la mente de Gerard viajaba libre por paraísos incorruptibles cuyos dueños tienen nombres célebres e inagotables fuentes de ideas a la hora de ponerse frente a la temida página en blanco.

El descontrolado movimiento de las páginas del inacabado manuscrito levantó un revuelo desaforado en la pequeña habitación del novelista. La tinta había comenzado a caer al suelo, cual cascada hacia el precipicio, y a medida que las gotas tocaban la desconocida superficie las palabras comenzaban a formarse de nuevo, tal vez por miedo a desaparecer en lo desconocido. Sin previo aviso, el caos se tornó calma y en el revoltijo de papeles, plumas y demás artilugios de escritura comenzó a concebirse una forma humana. Las dulces facciones de una bella mujer, de ojos más cristalinos que el agua del lago más puro, se asomaron entre los desordenados papeles. Los restos de tinta que habían caído formando oscuros surcos allá por donde pasaban, daban forma a una brillante melena color azabache. La mujer se acercó al oído del dormido novelista el cual, desconocedor de la realidad, soñaba impávido con mundos terminados imaginados por otros con más destreza en el arte de la escritura que él. Como si de una sirena se tratase, la mujer entonó su cántico en el oído del escritor. No era una canción lo que le dedicaba, sino la sabiduría que él ignoraba:
"Cree en ti como yo lo hago".

- Vuelve a la realidad, mi adorado novelista. La inspiración reside en las pequeñas cosas. En el aire, en el agua, en los besos, en la luna, en las estrellas... En ti. Todos los mundos que sueñas están a tu alcance, solo tienes que crearlos y para crearlos solo necesitas creer. Cree en ti, Gerard. Cree en ti como yo lo hago, mírate a través de mis ojos y ya nunca querrás mirar a otra parte. 

Gerard despertó sobresaltado con la fuerte convicción de que en su habitación había alguien más que él mismo. Tras frotarse los ojos y acostumbrarse a la luz que la ventana filtraba, miró a su alrededor, pero todo estaba tal y como lo había dejado antes de dormirse. A continuación, volvió a centrarse en su interminable historia y las musas lo reclamaron. La página ya no volvería a estar en blanco.



viernes, 24 de marzo de 2017

HÉROES


Persona ilustre y famosa por sus hazañas o virtudes.

"...sálvate tú y admírate a ti mismo".
El mundo se me hace demasiado grande. A veces tengo la sensación de que soy una hormiga a punto de ser aplastada. Quiero huir, salvarme, sobrevivir, pero llego a un punto sin retorno en el que la única salvación es la rendición. La corriente parece apacible, seguir al rebaño sin destacar, sin brillar... Ser la oveja negra es demasiado cansado incluso cuando lo haces sin esforzarte. Los dedos acusadores siempre están ahí, bien acompañados de las miradas reprobatorias y los murmullos lapidarios. No sobresalir, ser invisible... Ojalá tuviese una capa de invisibilidad... Ojalá alguien me salvase de mis demonios mentales y también de aquellos que son de carne y hueso.

Pero entonces me doy cuenta. La invisibilidad no es un don caído del cielo solo al alcance de unos pocos superhéroes; es un poder interior que puedo y debo utilizar a mi antojo cuando lo crea necesario. La superfuerza siempre ha estado ahí, escondida en el enzarzado laberinto de mi mente, dispuesta para el momento en el que decida ser lo que realmente soy. Puedo volar en cualquier instante, esa capacidad nunca ha estado fuera de mi alcance, hay ovejas negras que vuelan tan alto que se ven negras desde abajo porque el sol no alcanza a iluminar la parte visible desde la tierra. Puedo ser cualquier cosa que decida ser, mi mejor o mi peor versión no depende de nada más que de mi mismo. Si necesitas un héroe o una heroína no esperes a que venga a salvarte, sálvate tú y admírate a ti mismo.


jueves, 23 de marzo de 2017

SALVAR


Librar de un riesgo o peligro, poner en seguro.

Laura se sumergió bajo el agua de la atestada bañera en busca de la paz que la superficie le negaba. Veintisiete años tenía y aún no había aprendido la lección: no se debe confiar tu corazón a cualquiera. Cuando volvió a la superficie, respiró hondo. Sus lágrimas se confundían con las gotas de agua aromatizada en las que intentaba ahogar su decepción y su dolor. Entonces, como bajada del cielo, entre vapores celestiales, la lista de reproducción llegó a Save Myself de Ed Sheeran.

"And before I love someone 
else, I've got to love myself".
I gave all my oxygen to people that could breath (Le dí todo mi oxígeno a gente que podía respirar). Era la primera vez que Laura escuchaba esa canción y la primera frase la cautivó de una manera que ninguna otra había conseguido. La melodía impregnó hasta el último centímetro del pequeño baño del apartamento de la muchacha, creando una atmósfera de paz e intimidad que la hizo reflexionar e interiorizar cada verso de la canción. I drove miles and miles but would you do the same for me? (Conduje millas y millas pero ¿habrías hecho tú lo mismo por mí?). A medida que los versos y la melodía avanzaban se dio cuenta de que no era simplemente una canción, era su canción. Había recorrido no solo millas, había recorrido horripilantes senderos entre la dignidad y la humillación y se había tragado el orgullo en demasiadas ocasiones, aún a sabiendas de que ella jamás sería tratada de la misma manera. And all the ones that love me, they just left me on the shelf. No farewell. (Y todos los que me amaban me dejaron en el estante. Sin despedidas). Había confiado tantas veces, regalado su cariño incondicionalmente a aquellos que simplemente le regalaban promesas vacías... Todos y cada uno de ellos la habían abandonado, olvidado en una repisa como una planta mustia a la que nadie quería regar, haciéndola sentir pequeña y sin valor... So before I save someone else, I've got to save myself. (Antes de salvar a alguien más, tengo que salvarme a mí). Ed Sheeran tenía razón, para poder salvar a alguien, para poder ayudar a alguien, primero debes ayudarte tú. Había gastado todas sus reservas de energía intentando hacer felices a los demás sin ni siquiera recordar que ella también tenía derecho a ser feliz. And before I love someone else, I've got to love myself (Y antes de amar a alguien más, tengo que amarme a mí). Y, definitivamente, para poder amar a alguien, primero debes amarte y respetarte tú. 







Aquí tenéis la canción de la que se habla en el texto: