viernes, 30 de diciembre de 2016

NOCTÁMBULOS


Que andan vagando durante la noche.


Mientras la ciudad duerme la luna ilumina las calles de una manera con la que el sol ni siquiera puede soñar. Solo los noctámbulos pueden verlo y disfrutar del espectáculo. 

Luca caminaba por las solitarias callejuelas de la ciudad mientras el silencio se apoderaba de todo. Nadie se movía mejor en la oscuridad que él, ni con mayor sigilo. Hacía ya dos años que vivía en la calle junto con muchos otros penitentes, cuyo único delito había sido intentar integrarse en la sociedad. Sin embargo, Luca había sido el único que había encontrado el lado positivo a su situación. Como buen escritor, la curiosidad le podía. Vagaba cada noche de plaza en plaza, de calle en calle, buscando soñadores ansiosos de contar sus fantasías. Luca era un buscador de historias con un don especial para plasmarlas.

- ¡Luca! Ya hacía tiempo que no venías por aquí, camarada - le dijo don Artemio cuando lo vio aparecer en su poco transitada calle.
"Se negó a abandonar el único
rincón del mundo que contenía
recuerdos de su amada Flora…"

Don Artemio era un hombre enclenque y  dicharachero,  de casi setenta años al que la vida le había arrebatado todo. Su mujer había muerto años antes tras un largo período de lucha contra el demonio innombrable conocido como cáncer de mama. Siempre habían querido tener hijos pero la fortuna no les había sonreído tampoco en eso, solo se tenían el uno al otro. No obstante, fueron felices hasta el último suspiro de ella. Tras su muerte todo se torció todavía más, Artemio perdió todos sus ahorros como tantas otras víctimas, a manos de los señores de traje y maletín que dirigen el mundo desde las sombras. Finalmente, terminó viviendo en la calle… la misma en la que estaba su hogar. Se negó a abandonar el único rincón del mundo que contenía recuerdos de su amada Flora…

 ¿Cómo le va la vida, don Artemio? - le preguntó.
- ¡Ay, muchacho! La vida sigue siendo igual de traicionera que siempre… Por eso hay que mantener los ojos abiertos hasta durmiendo. A estas alturas ya solo puedo confiar en la luna.




jueves, 29 de diciembre de 2016

OASIS


Tregua, descanso, refugio en las penalidades o contratiempos de la vida.

Con diecisiete años y toda la vida por delante Daniela decidió que ya era suficiente. A veces, la edad no es un determinante cuando hablamos de cuánto hemos vivido. La calidad premia sobre la cantidad y Dani era una experta en cuanto a mala calidad se refería. Si la vida tuviese una hoja de reclamaciones todas las páginas estarían cubiertas con sus quejas. No, ella no estaba dispuesta a sufrir esa tortura por más tiempo.

Daniela se levantaba cada mañana con alguna parte del cuerpo morada y la sensación de que había tenido que ser muy mala en otra vida para merecer tan interminable castigo. Su padre, un hombre robusto de cuarenta y cinco años, parado y alcohólico, le recordaba cada día, independientemente de la hora, lo mala hija que era y la desgracia que suponía que hubiera nacido mujer. Su madre, desaparecida en combate años atrás, había dejado de protegerla cuando cumplió los once años; una paliza menos para Daniela era una más para ella, hasta que finalmente no hubo más palizas, solo silencio.

Daniela no estaba dispuesta a sufrir aquel destino, por eso marcó el número, ese número que salía desde hacía un tiempo en todos los canales de televisión.

- Necesito ayuda - dijo, pero eso fue todo lo que logró pronunciar.

Mientras hablaba, un pestilente aroma a ginebra intoxicó el aire. Su padre estaba tras ella, con el cinturón en la mano y esa asquerosa expresión que siempre tenía en su rostro. A Daniela  no le dio tiempo a pensar, ni siquiera a gritar… el cinturón le atravesó la cara antes de que el corazón le pudiese latir dos veces. Ese solo fue el primer golpe, tras éste una ráfaga insaciable de latigazos laceró su piel como llamas ávidas de carne. Intentó huir, pero lo más lejos que llegó fue a la cocina. Allí, sus manos fueron más rápidas que su cerebro y en un abrir y cerrar de ojos su padre tenía un cuchillo clavado en el vientre.

Tardó unos segundos en reaccionar. Había apuñalado a su padre… Corrió de nuevo al teléfono, en el que la interlocutora preguntaba desesperada que estaba pasando.

- ¡Por favor! ¡Ayúdeme! ¡He matado a mi padre!

Tras colgar el teléfono, la muchacha se sentó en el suelo intentando analizar la situación, sin mirar el cuerpo desplomado del hombre que la había torturado durante demasiados años, y se sintió libre. En ese momento, se encontró en un oasis de paz ininterrumpido, la vida le había dado una tregua a muy alto costo. No sabía cuál sería su destino ahora, solo sabía que cualquier infierno sería más agradable que el reino del terror en el que había crecido.





miércoles, 28 de diciembre de 2016

ACENDRADO


Puro, sin mancha ni defecto.


Tomás tomó la mano de su madre entre las suyas, era un ritual para él. Quería protegerla de lo que los señores de blanco le hacían, irse juntos a casa y jugar al ahorcado o, simplemente, que le cantase una nana. No pedía mucho, solo quería que su mamá jugase y le hiciese cosquillas como tiempo atrás.

Siempre le había parecido que las manos de su madre eran enormes, como las de los gigantes de Los Viajes de Gulliver, pero elegantes como las de las hadas de los cuentos de princesas y príncipes.

- Mami, ¿puedes venir ya a casa?

Era todo lo que quería saber, pero siempre volvía solo con la tía Mabel. Su madre llevaba ya un par de meses en ese edificio raro y feo, lleno de personas vestidas con trajes extraños. No le gustaba ese lugar, ni tampoco la gente que en él residía… le hacían daño a su mamá y cada vez que iba a visitarla la veía más demacrada y triste.

Como cada día, Tomás tomó la mano de su madre entre las suyas e hizo la pregunta:

Mami, ¿puedes venir ya a casa?

Pero esta vez la dulce sonrisa de su madre no hizo aparición. Por el contrario, las lágrimas acudieron a sus ojos e intentó incorporarse en la cama. Las fuerzas hacía días que la habían abandonado junto con el pelo y el tono rosado de sus mejillas. Se estaba muriendo, pero Tomás eso no lo sabía. Era apenas un niño, ¿cómo se le decía a un pequeño de siete años que su madre se estaba muriendo?

Cariño, no puedo ir a casa… necesito que seas un hombrecito fuerte como lo era tu padre y que me hagas dos favores.

Tomás apretó fuertemente con sus manitas la enorme mano de su madre, probablemente intentando retenerla para siempre. Guardó silencio y asintió.

El primero es que te portes muy bien con tía Mabel y la cuides. A partir de ahora ella será la que te lea los cuentos, la que te haga cosquillas y la que te cante las nanas.

Pero yo quiero que me las cantes tú… – dijo el pequeño sorbiendo las lágrimas.

-  Lo sé, cariño, pero yo ya no voy a poder. Tengo que ir a reunirme con papá.

El pequeño Tomás comenzó a llorar desesperadamente y su madre, haciendo acopio de las pocas fuerzas que le quedaban en el cuerpo, lo cogió en brazos y lo subió a la cama. Abrazados, comenzó a cantarle una nana en el oído hasta que el niño se relajó.

¿Cuál era el segundo favor, mami? – preguntó con su vocecita temblorosa.

¿Sabes lo qué significa la palabra acendrado? – Tomás negó con la cabeza – Significa puro, sin manchas, sin defectos… El amor que yo siento por ti es acendrado, Tomás. Jamás habría podido sentir algo semejante si tú no hubieses aparecido en mi vida. Me has enseñado a amar de forma desinteresada, pura e incondicional. Necesito que recuerdes cuan feliz me has hecho, mi pequeño. Ese es el segundo favor.

A modo de promesa Tomás le dio un beso a su madre. Durante un par de horas siguieron abrazados, cantándose nanas mutuamente hasta que el brillo abandonó los ojos de la mujer.



martes, 27 de diciembre de 2016

NOSTALGIA


Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida.

Yo no tengo miedo a morir. Cuando haya muerto ya no sentiré nada, bueno o malo, todo habrá desaparecido. En cambio, si te pierdo a ti… Si te pierdo a ti, mi querida Laura… No puedo tan siquiera imaginarlo sin que el corazón se me encoja y el vello se me erice. Tú eres mi patria, mi hogar, mi amor y mi vida.

 No es mi muerte a la que temo, es a la tuya. Temo a la nostalgia que sentiré una vez mi patria parta de mí y no al revés; ya no tendré refugio al que volver cada noche, ni sonrisas que calienten mi alma. La luz que ilumina cada estancia desaparecerá… Ya no tendré esa dulce nana que calma mis pesadillas con brazos mecedores. La calma que invade ahora mi vida será sustituida por el caos y la destrucción. Los recuerdos comenzarán a difuminarse de la misma manera en la que tus ojos azules se confunden con el cielo o con el mar. No, Laura, no temo al día de mi muerte, porque si tú te vas primero habré muerto en vida. Soy egoísta, lo sé, hablo de tu muerte como si no fueses tú la mayor damnificada, pero tú ya no puedes sentir, mi dulce Laura.  

Prefiero tres días de vida contigo a mil años en tu ausencia.


"Los recuerdos comenzarán a difuminarse de la misma manera en la que tus ojos azules se confunden con el cielo o con el mar".




lunes, 26 de diciembre de 2016

FINITO

Que tiene fin, término, límite.


Joan salía cada mañana de su casa con su mochila gris, su gorro de lana y el flequillo tapándole la cara. Veía la vida fluir a su alrededor mientras él se mantenía en un eterno bucle con banda sonora de Evanescence. Era el "rarito" de clase, el saco de boxeo con el que el resto descargaba sus frustraciones y, como buen ser inerte, ni siquiera se quejaba. La angustia que solía bañar su alma hacía meses que lo había abandonado, junto con las pocas personas que lo querían. Su amigo Simón se había suicidado dejándolo solo en un mar de monstruos con puños de acero, sus padres se había divorciado y estaban demasiado ocupados en un mundo paralelo gritándose por los errores que el otro había cometido... No, a Joan no le quedaba nadie. 

Como todos los días salió por la puerta principal del instituto a sabiendas de que iba a recibir su dosis diaria de compañerismo. Hugo, el matón de su clase,  lo esperaba doblando la esquina y Joan se dispuso a poner bien alta la música con la esperanza de amortiguar el sonido de los golpes, golpes que cada día achicaban un poquito sus ganas de vivir. 

Un ojo morado, probablemente un esguince en la muñeca y la pérdida de sus zapatillas deportivas fueron los constituyentes del botín. Caminó hasta su casa, siempre acompañado de la dulce voz de Amy Lee. Las canciones se sucedían una tras otra y sus pasos jamás llegaban a destino. Su casa ya no era su casa, su familia ya no era su familia, su vida ya no era su vida... No le importaba a nadie...

Se encaminó al puente de Simón, a ese hermoso puente desde el cual se veía toda la bahía. Estaba seguro de que su amigo había estado buscando ese lugar durante meses, investigando cual podría ser el paisaje merecedor de ser el último y,  de repente,  October sonó. 

Joan había ido a ese puente simplemente a recordar. (Here I am/ I have nothing left) La presencia de su amigo lo impregnaba hasta en el último centímetro, pero ahora esa canción le había hecho darse cuenta de que no solo estaba ahí para no sentirse solo.(Though I´ve tried to forget/ You´re all that I am/ Take me home) Estaba ahí para reunirse con Simón. (I´m through fighting it/ Broken/ Lifeless/ I give up). Tiró la mochila, se acercó a la barandilla y comenzó a subirse a ella ( I can't go on anymore/ Ever again).

- ¿Sabes qué significa el término finito?

La voz de una chica llegó a sus oídos en el mismo instante en el que su corazón se aceleró. 

- Vete  fue todo lo que le dijo.
- No sin antes saber qué sabes lo que significa.

Lo estaba entreteniendo, pero el juego le parecía algo tentador teniendo en cuenta que la gente no tendía a ser amable con él.

- Significa que tiene fin.
- Entonces, ¿qué diablos haces ahí?
- ¿Cómo?
- Todo tiene fin, muchacho. Todo. No sé que te ha llevado a esta situación pero no hay nada en la vida que no tenga solución o final. Es simple, todo es limitado, el tiempo es limitado y tú pretendes acortarlo más cuando lo que realmente tienes que hacer es enfrentarte,  apretar los dientes y sacar pecho. 

Apretar los dientes y sacar pecho... Si fuese tan fácil Simón no hubiese acabado en el fondo de la bahía. 

- No es tan sencillo.
- Sí, si lo es. Gírate y compruébalo, solo necesitas una ojeada.

Movida por un resorte imposible de controlar, su cabeza se giró y lo que vio le llenó el corazón de vergüenza. La que le hablaba era una chica de unos diecinueve años, en silla de ruedas, sin pelo y con aparentes signos de estar pasando un cáncer. Sin embargo, la vitalidad y energía que desprendía podrían encender el alumbrado navideño de Barcelona. El cuerpo le comenzó a pesar, y sin apartar la vista de ella se sentó en la barandilla y escuchó lo que le tenía que decir. 

- A la vida hay que echarle valor porque da igual las circunstancias, siempre hay algo que la convierte en un trayecto bello. No la limites, eso ya lo hace ella sola.





Amy Lee es la vocalista del grupo Evanescence y aquí os dejo la maravillosa canción de la que hablo en el texto con subtítulos en castellano. ¡Gracias!






PRESENTACIÓN

ENCANTADA DE CONOCEROS.


Disculpad las confianzas, pero sería raro que leyendo los intrínsecos recovecos de mi mente nos tratásemos con tantas formalidades. Tal vez deba comenzar con una simple presentación o, tal vez, mis escritos hablen por mí. En realidad, no hay mucho que decir fuera de que mi nombre es Sandra y de que me he cansado de seguir la hoja de ruta mudamente establecida. Ahora sé lo que quiero, lo que me hace feliz y voy a por ello, por eso estoy aquí. Os animo a todos, tengáis la edad que tengáis, a que hagáis lo mismo. ¿Queréis ser médicos? ¿Maestros? ¿Cantantes? ¿Científicos? ¿Artistas? ¿Queréis viajar? ¿Mudaros? ¿Tener o no tener hijos? ¿Teñiros el pelo de rosa? Hacedlo. Nadie tiene la divina potestad para juzgar como vivís vuestras vidas, son vuestras, exprimidlas al máximo.

¿Qué quiero yo? Escribir, hablarle al mundo, plasmar mis ideas, mis historias, mis pensamientos… Haceros disfrutar, reflexionar y (¡ojalá!) sonreír. Este blog es una forma de mostrar, a todo aquel que esté dispuesto a mirar, una porción de mi alma transformada en literatura. Historias cortas, historias largas, reflexiones, palabras interesantes, ficción y realidad bailando en una plataforma en la que nosotros somos los que decidimos.


Bienvenidos a Yo Pongo Las Normas. 

Mis libros

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