miércoles, 15 de noviembre de 2017

Alunizaje.

Quiero volar, contactar con otra atmósfera, aterrizar en la Luna, en Plutón, en Saturno o en una galaxia muy lejana. Quiero explorar tierras inhabitadas, bailar en lugares que no han conocido el ritmo o que, por el contrario, tienen un ritmo propio nunca antes visto. Quiero caminar, correr, saltar, chapotear, pisar, levitar, patear, ir a la pata coja, jugar… Tropezar. Quiero que mis pies me  guíen en la caída y tocar el fondo con las manos para coger impulso en la subida. Quiero vivir soñando y soñar viviendo. 

Quiero ser libre en este mundo de presos. Quiero ser el ritmo de tus pasos, el soplo de aire fresco agitando tu pelo, la luna que te inspira e inspirarme a mi misma. Quiero mirar atrás y sonreír por haberlo intentado aunque el resultado no haya sido el esperado. Quiero ser el pez que nada a contracorriente ignorando lo que la mayoría intenta imponerle. Demostrar que difícil no es sinónimo de imposible, porque donde hay un deseo hay una posibilidad.


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Ya ves, querida.

Querida yo de hace tres años:

Te escribo para decirte que te equivocabas, el mundo no se acaba porque hayas perdido una pierna. Sí, es cierto que la vida es más difícil, pero no por ello menos bella. 

He elegido este día porque hoy hace exactamente tres años desde el fatídico accidente en el que una anciana de otro coche murió y tú (nosotras) te quedaste con ese recordatorio eterno y poco agradable de lo que sucedió. No hay ni un solo día que no recuerde el accidente y que no piense en el conductor del camión que nos arrolló. Dijeron que se encontraba bajo el efecto de las drogas, ¿sabes? A día de hoy sigo sin entender como alguien que se dedica a la conducción profesional o que simplemente se encuentra en la situación de tener que conducir, se droga. Heroína llevaba el "amigo" metida en vena, ni más ni menos. 

Pero no escribo esta carta para resucitar viejos rencores y miedos que, en realidad, sé que nunca voy a conseguir enterrar. Te escribo esta carta para que dejes de culparte, para que entiendas que una pierna no es la vida y que no podías hacer absolutamente nada para cambiar lo sucedido. Esa posibilidad no estaba en tus manos, en todo caso estaba en las del camionero. 

Recuerdo la sensación de inutilidad que sentiste (sentimos) intentando salir del coche para ayudar a la señora Romina, que así se llamaba la mujer tristemente fallecida, como gritabas suplicando ayuda. Recuerdo la cara del camionero que bajó tambaleándose del camión. Recuerdo también la cara de la persona que nos ayudó, como intentó parar la hemorragia que me (nos) estaba seccionando no solo la pierna, sino también la vida. Como se lanzó a ayudar a la buena señora importándole poco que el coche comenzase a arder. Quiso sacarla, pero era demasiado tarde. El coche explotó en el mismo momento en el que los bomberos apartaban a aquel muchacho que se retorcía en el amarre con la única intención de ayudar. Siempre he pensado que aquel chico era un ángel, aunque los ángeles no son soeces y este le escupió en la cara al camionero cuando pasó por su lado.

 Fue ese ángel llamado Martín el que me robó las primeras sonrisas en el hospital. Fue también ese ángel el que me animó a levantarme de la cama, a caminar de nuevo. Fue ese ángel el que ejerció de bastón durante mi periodo de iniciación. Es ese ángel el que ahora vela mi sueño cada noche. A Martín le debo la vida en más de un sentido. No solo me salvó aquella tarde en la carretera, sino que me salva cada día en el que mi sonrisa se vuelve pesada y decide no salir. Me salva en cada mal pensamiento, me salva del camionero que me persigue en pesadillas. Me salva ante la tristeza. Me recuerda cada día que una pierna no es la vida, que podría ser peor y que me queda mucho camino por andar aunque tenga que hacerlo a la pata coja. 

Ya ves, querida. La vida sigue siendo hermosa. 

Con cariño, 
Tu yo del futuro.


lunes, 6 de noviembre de 2017

Margaritas.

Entramos en un bucle. Me miras, te miro; suspiras, suspiro; te acercas, me quedo paralizada; me tocas, me estremezco; sonríes, sonrío; te alejas, te pierdo. Me pierdo. Vuelta a empezar. 

Desde que te conozco así son nuestros días, como si fuésemos margaritas: te quiero, no te quiero, te quiero, no te quiero, te quiero, no te quiero... Te necesito. Pero todas las margaritas tienen un número de pétalos limitado. 


viernes, 3 de noviembre de 2017

Carta al cielo.


Querida mamá:


He decidido escribirte esta carta y mandarla al cielo para decirte que estoy bien y que ya lo he entendido. 

Creía que te habías ido porque ya no me querías o porque te habías enfadado con nosotros. No entendía qué era estar muerto, mami, pero ahora lo entiendo, porque mi amigo Tom también lo está. Un coche lo atropelló delante de casa cuando venía a visitarme como cada tarde. Vi como sucedía, mami, y ahora entiendo que morir duele. No solo al que muere, sino a quien lo quiere. A papá, a mí... 

Me duele el estómago como si un agujero se hubiese formado en mi tripa y papá no deja de decirme que no llore más, que me voy a deshidratar. Pero ¿como no voy a llorar si los ojos de Tom ya no me miran? ¿Si ya no se afila las uñas en mi ropa? ¿Si no demanda su cuenco de leche? ¿Si ya no ronronea cuando le rasco las orejas? ¿Si ya no estás, mami? Le he dicho a papi que me quiero morir para estar con vosotros y, entonces, se ha echado a llorar como si fuese un niño de los de mi clase cuando se caen en el patio y se raspan las rodillas. Con la cara roja por el llanto y la nariz mocosa me ha suplicado que no vuelva a decirlo. Papi también está triste, y si yo me muero nadie le dará besos en las lágrimas para secárselas. Por eso también te escribo, mami, para que sepas que yo cuidaré de papi y para pedirte que nos esperes. Dentro de muchos años nos veremos. ¡Cuida de Tom!

Te quiero, 
Carlota.


lunes, 23 de octubre de 2017

Amor a la primera calada.


Evasión. Un viaje más. Solo uno más.

Tenía dieciséis años cuando mis amigos me presentaron a María y fue amor a la primera calada. Con ella mis problemas desaparecían, se hacían pequeños e irrisorios.  Pocos meses después me vi sumido en problemas por culpa no solo de María, sino también de Ginebra, la cual me calentaba en invierno como ninguna otra. Con dieciocho, conocí a Coca y las cosas se empezaron a poner intensas. Ginebra era demasiado absorbente, pero sumamente adictiva, ya no concebía mi vida sin ella. María, por su parte, me mantenía en una nube (de humo) de la que me costaba mucho bajar, tanto que nunca lo hacía. Coca… Coca me descubrió un mundo nuevo. Viajar con ella era el mejor de los orgasmos. 

Hasta que un día no desperté en mi cama, sino en la habitación de un hospital conectado a tubos extraños. María no estaba, ni tampoco Ginebra y la sola mención de Coca causaba una mueca horrorizada en las caras de los individuos de bata blanca que me rodeaban. Las echaba de menos, demasiado, más que lo humanamente posible. Las extrañaba tanto que gritaba sus nombres entre espasmos. Las extrañaba tanto que estuve a punto de matar a una enfermera que se negaba a conseguirme una visita de mis amadas. Las extrañaba tanto que las veía en las esquinas. Las extrañaba tanto que salté por la ventana. 


miércoles, 18 de octubre de 2017

Castillo de naipes.

Agua y aceite. Norte y sur. Este y oeste. Completamente diferentes, pero atraídos por el mismo imán. Tú, su alma afín, su segundo yo, una copia de sus gustos. Yo, su lado oculto de la luna, la curiosidad que mató al gato, el miedo a lo desconocido. Le diste la oportunidad de tenerlo todo sin renunciar a nada. Yo le ofrecí arriesgarlo todo por algo que podría quedarse en nada. 

No me sorprende que la costumbre haya ganado al riesgo, no hay muchos valientes. Lo que me sorprende es la decepción que ahora siento. Tal vez, simplemente, tú hayas acabado con su magnetismo. Así, sin más. Porque era tan endeble como un castillo de naipes. 


lunes, 16 de octubre de 2017

Galicia non arde, a Galicia quéimana

Hoy Galicia amaneció cubierta de niebla. Y nos creeríamos, tal vez, que era solo niebla si no fuese por el olor a ceniza, desesperación y muerte. Nuestros montes, nuestra fauna y, en definitiva, nuestros hogares han sido devorados por las llamas. Fuego provocado intencionadamente. Terrorismo forestal imperdonable.

Hoy Galicia llora, porque no hay nada que le duela más a un gallego que ver su tierra destruida. El verde se convirtió en naranja, el olor de la naturaleza más salvaje y bella fue sustituido por el humo que todavía encharca nuestros pulmones. Polvo y ceniza. Miles de hectáreas calcinadas, animales muertos o despojados de su hábitat, familias que veían sin poder hacer absolutamente nada como sus hogares desaparecían. Vidas perdidas.

Hoy Galicia llora y cruza los dedos porque esa lluvia que tanto caracteriza nuestro clima cubra por completo todo el territorio.

Y, sobre todo, hoy Galicia llora porque ayer no pudo hacerlo. Durante este fin de semana el pueblo gallego volvió a demostrar su valía. Todos a una se lanzaron a las calles, cubo en mano, rabia en pecho, para proteger lo que tanto aman. Lo que tanto amamos. No podría enorgullecerme más de ver a mi pueblo apretando los dientes y ayudándose los unos a los otros para salvar “a nosa terriña”. Cadenas humanas intentando solventar las llamas, voluntarios, gente acogiendo animales en peligro, ofreciendo sus casas…


Hoy gritamos al viento aquel lema que tan famoso se hizo cuando el hundimiento del Prestige en el 2002 tiñó nuestras costas de negro: NUNCA MÁIS. Y os lo gritamos a vosotros, a los que habéis intentado destruir (de nuevo) nuestra tierra. Podéis quemar nuestras casas y nuestros montes, pero resurgiremos de las cenizas porque no podréis quemar nuestro espíritu. Al igual que tampoco podréis quemar el espíritu de nuestros hermanos asturianos y portugueses. 


viernes, 13 de octubre de 2017

Tequila.

Una canción y dos tequilas. 

El alcohol comienza a hacer efecto, tu recuerdo se difumina. Unos pies taconean cerca, acompañados por el contoneo de unas caderas.  Te vuelvo a ver nítida. 

Dos canciones, tres tequilas.  

La dueña de las seductoras caderas se acerca segura de sí misma. Es morena, ¿por qué tiene que ser morena? 

Tres canciones, cuatro tequilas.

Se llama Emilia, eso lo capto, pero empiezo a estar mareado. Me hace un gesto y la sigo a la pista de baile. Se acerca, bailamos. Lleva tu mismo perfume. Vuelvo a la barra. 

Cuatro canciones, cinco tequilas. 

Decido ser valiente y vuelvo con Emilia. Ella me mira, pero yo no la veo a ella. Necesito otro tequila. 

Cinco canciones, seis tequilas. 

Emilia me besa, segura y decidida. Yo la beso, confundido y culpable. 

Muchas canciones, demasiados tequilas. 

Despierto en casa de Emilia. La cama desecha, una lámpara rota, ropa en el suelo, hedor a alcohol. Ella se mueve, la cama cruje y mi cabeza estalla. Creo que ahora también me tengo que olvidar del tequila. 


martes, 10 de octubre de 2017

Meteorito.

La luz del ocaso se filtraba por las rendijas de la ventana. Candela contaba con suma impaciencia los segundos que faltaban para que anocheciera por completo. Mientras tanto, Paulo se afilaba las uñas contra una columna de hormigón colocada al otro lado de la oscura estancia. En eso los había convertido el meteorito, en monstruos clandestinos obligados a sobrevivir en la noche mientras el mundo humano solo giraba de día. 

Cuando todo en el exterior se tornó en oscuridad, Paulo saltó por encima de Candela, haciendo añicos la ventana. Ella lo vio partir regalando un grito a la luna a modo de llamada para las demás criaturas nocturnas. Con una sonrisa triste siguió a su hermano en la penumbra, abrazando su salvaje condición, mimetizándose con la oscuridad de la noche. 


miércoles, 4 de octubre de 2017

Y ahora estoy despierto.

Atravesé los cinco continentes. Mi miedo a volar se convirtió en mi asiduo compañero de viaje. Pasé más tiempo rodeado de desconocidos que de mi familia. Aprendí tres idiomas y casi olvido aquel con el que crecí. La añoranza de mi tierra era una de las tantas cicatrices que adornaban mi alma. Perseguí tus sueños como si fuesen míos. Corrí tan rápido que ahora me tiemblan las piernas. Me relacioné con gente que aborrecía, me reí de sus chistes y brindé en su honor simplemente porque a ti te hacía feliz su compañía. Sacrifiqué mis deseos y desterré a mis amigos. Medio olvidé a mi familia y abandoné mis sueños. ¿Y sabes por qué? Porque tú te convertiste en mi sueño. 

Y ahora estoy despierto. 




lunes, 2 de octubre de 2017

Constelaciones.

Tengo una pequeña colección de estrellitas en una vitrina. Como si de una constelación privada de hermosos astros se tratara. Solo brillando para mí, solo mías. Algunas son blancas como la leche, otras rosadas, otras del delicioso color del chocolate. Todas distintas y, a la vez, todas iguales; representando la vida y la muerte en cada uno de sus extremos puntiagudos. La vida arrancada de la piel de sus dueñas que en muy mala ocasión decidieron tatuarse una estrella. La muerte, que sucede a la obtención de mi tan preciado premio, obtenido a base de sangre y miedo.


viernes, 29 de septiembre de 2017

Hola, holita, hola.

¡Muy buenas, queridos lectores!

Hoy no voy a publicar un post con un relato como he venido haciendo hasta ahora. Hoy vengo a hablaros de mis intenciones.

Llevo un par de semanas con el blog bastante abandonado debido a que he tenido asuntos importantes que solucionar y no me ha dado tiempo a trabajar en esto como me gustaría. Sin embargo, a partir de ahora intentaré volver a ser constante y mantener el nivel que había alcanzado en tiempos (no muy) pasados. Este fin de semana pretendo ponerme manos a la obra y trabajar en distintos contenidos para poder publicar sin problema a lo largo de la semana que viene. A partir de ahora tendréis cada lunes, miércoles y viernes por la mañana un relato.

Está también en mi lista de propósitos crear contenido nuevo, contenido que os pueda interesar... No sé, tal vez hablaros un poco más de mí, enseñaros la forma en la que yo veo el mundo, colaborar con otros blogs, hacer una especie de "columna de opinión", etc. Tengo siempre demasiadas ideas corriendo de un lado para otro en mi cerebro, espero que alguna sea lo suficientemente buena para vosotros. Pero, sobretodo, quiero hacer de este blog algo de lo que esté realmente orgullosa. Aunque he de decir que ya lo estoy, porque ha supuesto para mí algo importante, un cambio. Ha sido mi casilla de salida para enfrentarme a mis miedos y también a mis sueños. Empecé este blog en diciembre de 2016 diciendo que quería mostrarle al mundo una porción de mi alma transformada en literatura y creo que lo he conseguido.

También deciros que sigo peleando con mis libros. Intentándolo. Escribiendo cada vez que puedo, queriendo mejorar, aprendiendo de errores y aciertos. Y aprovecho para daros las gracias a todos aquellos que los habéis leído, dándome así la oportunidad de entrar en vuestras vidas un poquito. Y lo mismo para todos los que leéis mis relatos, me seguís en redes sociales y os suscribís al blog. Me he llevado muy gratas sorpresas, he tenido la gran suerte de poder hablar con gente maravillosa (y también con otra que por desgracia no lo es tanto). ¡Gracias!



martes, 26 de septiembre de 2017

Hubiese...

Me hubiese gustado sentir el tacto de tu piel contra la mía, tu respiración en mi cuello. Descubrir tu mirada, que habla incluso más que tu boca, cerca, muy cerca. Que la distancia y el miedo fuesen cuentos de niños contados a adultos incrédulos.

Me encantaría sentir tu voz cálida en mi oído cada mañana, que me dieses los buenos días con uno de esos besos tuyos y sentir tus dedos inquietos y reclamantes recorriendo sin miedo mi espalda. Contar tus arrugas, las nuevas y las viejas, esas que resaltan cuando sonríes.  

Y no te digo lo que hubiese amado sentir tus besos ilegales quebrantando el horario de visita, haciéndome entender con hechos lo que las palabras jamás podrán plasmar en textos. 




viernes, 15 de septiembre de 2017

Vestigios.


Silencio. Aire puro. Vestigios de carreteras entre las flores y la hierba. Construcciones en ruinas cubiertas por enredaderas. Todo es un bosque encantado ahora. Los animales pastan plácidamente en cualquier lugar, sin miedo. La naturaleza siguiendo su curso, cubriendo de savia cada rescoldo de un pasado artificial, como una leona lamiendo sus heridas.


Poco queda de aquella civilización humana con complejo divino que se dedicaba a destruir lo único que debía proteger. Aquella catástrofe natural les enseñó a los pocos que consiguieron sobrevivir que La Tierra es quien manda. Ahora no son más que tribus, como en sus orígenes. Puede que más evolucionadas, pero siempre en simbiosis con su planeta. El respeto es la nueva ley.

miércoles, 13 de septiembre de 2017

Vengo a confesarme.

Hoy vengo a confesarme. Este no es un relato ficticio, ni siquiera una historia basada en hechos reales. Esta, señores, es mi realidad. Tengo veintidós años, una hermana maravillosa, tres perros, soy adicta a la lectura,  convivo y combato desde hace al menos siete años con el dolor crónico provocado por la fibromialgia y tengo los ojos azules. Así, sin más. 

La fibromialgia lleva en mi vida tanto tiempo que simplemente es un demonio más al que enfrentar cada mañana. Un demonio que me limita y me presiona, pero nunca he sido de las que se rinden con facilidad. Ella lo sabe, yo lo sé, por eso prosigue la lucha. Mi vieja enemiga me ha enseñado el lado feo de la vida. No, no solo me lo ha enseñado, me lo ha tatuado en la piel, ha clavado la aguja tan profundamente que la tinta ha llegado a mis venas y el tatuaje me ha marcado el alma. La fibromialgia es una enfermedad que provoca dolor musculo-esquelético crónico, mareos, fatiga, alteraciones de la memoria, neblinas, etc. En resumen, una tortura diaria que jamás te da tregua. He aprendido a apretar los dientes y a avanzar en mi camino, arrastrando conmigo el resto de mi cuerpo. Me he envuelto en una armadura resistente a la gente que no me comprende y he descubierto como caminar sobre lava ardiendo. Soy inmune a las caras largas y a los "no lo conseguirás". También a los "¡Joder! Tú siempre estás enferma" y a los "¿qué te duele ahora?", siempre acompañados con ese extraño retintín en la voz que solo usan los que creen conocer el secreto de la vida. Aprovecho ahora para decirle a toda esa gente (los cuales estoy segura de que sabéis quienes sois) que está bien, os perdono esas faltas de respeto pasadas y también las que cometeréis en el futuro. Solo se entiende la estructura del infierno si has vivido en él y yo tengo marcas del látigo del diablo. 

¿Por qué me confieso hoy? Supongo que últimamente he visto demasiado movimiento con respecto a esta enfermedad. Movimiento erróneo, en su mayoría. Sin embargo, en el día de hoy he visto movimiento valiente, corrimientos de tierra porque una muchedumbre procedente del mismo infierno en el que yo resido ha decidido alzar la voz y decírselo al mundo. Todo gracias a una primera valiente, conocida como Lady Gaga, que ha decidido hablar abiertamente de esta enfermedad. Una de esas enfermedades invisibles que es más fácil dejar guardada en un cajón y no investigarla porque no "compensa". Una de esas que por falta de conocimiento se trata y se cataloga de forma equivocada. Una de esas que provoca que el paciente sea tratado como un delincuente en lugar de como una víctima. 

Hoy me confieso y hago un poco más visible lo invisible. Hoy, como siempre y a pesar de todo, sonrío. 


lunes, 11 de septiembre de 2017

En las nubes.

A veces, cuando sueño, me olvido de vivir, pero es que cuando vivo, me olvido de soñar. Prefiero vivir en las nubes, creando y mutando, componiendo e inventando, a vivir atada a la gravedad de La Tierra. Mis pies están cansados de pisar el suelo, de arrastrarse por calles demasiado transitadas cargando el peso de las preocupaciones mundanas. Están cansados de clavarse astillas, de hacerse heridas innecesarias siguiendo los senderos mal delimitados que muchos otros antes marcaron en un mapa automatizado. Mis pies quieren crear un sendero nuevo, quieren dejar sus huellas en las nubes, en las estrellas, en el cielo... Mis pies quieren volar. 

miércoles, 6 de septiembre de 2017

Bonita casa.

El sonido de la puerta de entrada cerrándose bruscamente me despierta en plena noche. Abro un ojo, como buenamente puedo, y miro el despertador digital que brilla en la oscuridad de mi mesita de noche. Las tres de la madrugada. Somnolienta y aturdida por las pastillas para dormir que me veo en la necesidad de tomar cada noche, pregunto a la oscuridad:

- ¿Mario? 

No es hasta quince segundos después que me doy cuenta de que es imposible que sea él. Mario me dejó hace tres meses por la hermana de mi mejor amiga, con un mísero y cruel mensaje, vaciando los armarios mientras yo no estaba en casa y desapareciendo de mi vida como las nubes de las tormentas de verano, sin dejar rastro. En ese momento de clarividencia mis sentidos se despiertan por completo, la adrenalina comienza a subir por todos los recovecos de mi cuerpo a la par que el miedo se incrementa a cantidades insanas. Me levanto silenciosamente, cojo la lámpara de la mesilla a modo de arma y me asomo a la puerta de mi habitación que da directamente a un pequeño salón donde la ausencia de muebles me recuerda cada día mi precariedad económica. Un movimiento a mi izquierda hace que me estremezca. Decido encender la luz, prefiero ver de frente a quien sea que se ha colado en mi apartamento sin permiso. 

Con el primer parpadeo de la bombilla alguien me agarra con brusquedad por la espalda, poniéndome una mano enfundada en un guante, de lo que parece ser látex, en la boca y la otra me agarra fuertemente las manos a la espalda. Siento como una respiración húmeda y cálida se acelera en mi cuello y susurra en mi oído: 

- No lo hagas más dificil.

 Entonces, el miedo desaparece, me siento como en un sueño, sumida en una profunda relajación antinatural, dejo de pelear y de moverme y mi agresor retira la mano de mi boca. 

- Buena chica - me dice. 

En ese momento coge algo que no alcanzo a ver y me mueve como si fuese un mueble más hasta delante del espejo del recibidor, no soy consciente de lo que está pasando realmente hasta que veo su reflejo en el espejo. Su rostro no es más que un amasijo de piel quemada, los ojos no se distinguen, su nariz está deformada y lo único impoluto es una boca que sonríe en una mueca monstruosa. El horror vuelve a invadirme por completo como una ola arrasadora en un rompiente y él ahoga mi grito poniendo una cuerda alrededor de mi cuello. Apretando. Matando.

- Bonita casa - es lo último que escucho.


lunes, 4 de septiembre de 2017

Ya no.

Hoy tengo algo que decirte. Sí, a ti. Escucha bien, aunque si lo necesitas puedo repetirlo: ya no te tengo miedo. ¡Guau! Sienta increíblemente bien decirlo en voz alta sabiendo que es verdad. Te lo prometo, ya no, hoy no te tengo miedo. ¿Sorprendido? Oh, espera... Tal vez tu memoria selectiva ha olvidado la razón de mis palabras. ¿Has olvidado los insultos en el patio? ¿La tortura en el autobús? ¿Las persecuciones en grupo por las calles del pueblo al salir de clase? ¿Las zancadillas, quizá? ¿Los chicles en el pelo? ¿Los moratones en los brazos? Si lo has olvidado te recomiendo que visites a un médico, fueron demasiados años y lagunas en la memoria de semejante tamaño no son normales. También puede ser que prefieras no recordarlo. Lo comprendería perfectamente... Que te avergonzases de haber disfrutado del sufrimiento de un compañero... No, no es bonito. La tercera opción es que te acuerdes de todo. Absolutamente todo. Sin embargo, ¿te avergüenzas? Si la respuesta es sí, no solo ya no te tengo miedo, sino que te perdono. Si la cantidad de vergüenza es comparable a tan solo la mitad del infierno que me hiciste pasar casi  no podrás salir a la calle, y si es así, de verdad, sin rencores. Te perdono. Por otro lado, si la respuesta es no, si sigues creyendo que aquello era normal, si no te arrepientes o incluso estás orgulloso, si sonríes recordándolo... Te lo repito: NO TE TENGO MIEDO. ¿Sabes por qué? Porque solo un ser con un alma muy pequeña y podrida podría albergar tanta maldad dentro y eso, más que miedo, me suscita pena. 

Miro hacia atrás y, en cierto modo, me doy cuenta de que debo darte las gracias. Soy quien soy hoy debido a ti y a aquel infierno que me obligaste a atravesar. Obviamente si pudiese elegir no vivirlo no lo haría, tampoco soy masoquista. Pero aquellas dificultades me enseñaron lo perra que puede ser la vida. No solo eso, me enseñaron a ser fuerte, a apretar los dientes y a enfrentarme a la adversidad. Por aquel entonces tú eras la adversidad (¡y Dios sabe que te enfrenté! Tantas veces como cicatrices tienen mis brazos y piernas). A día de hoy la adversidad es mucho más grande y oscura de lo que tú fuiste en ese momento, pero no te preocupes, yo también soy más grande, más fuerte, más lista. 

Eso es todo, solo quería que lo supieses. ¡Qué te vaya bien! Espero que el karma no te pase demasiada factura, podría arruinarte y, de corazón, no te deseo nada malo.



viernes, 1 de septiembre de 2017

Te encontraré.

Trescientos sesenta y cinco días sin verte. Trescientos sesenta y cinco días imaginando dónde estarás. Trescientos sesenta y cinco días tachados en el calendario con rabia, doce meses arrancados con furia, un año quemado a base de lágrimas ácidas. 

Te echo de menos, más de lo humanamente posible. Te veo en las esquinas, en los parques, en los marcos vacíos, en mis propios ojos cuando me miro al espejo. Te veo, pero no te veo... Porque ya no estás. Te has ido. Te has ido sin mí. Y duele. Jamás creí que algo pudiese doler tanto. Pero ¿sabes qué? Me alegro de sentir dolor, el dolor me recuerda que sigo viva. El dolor me mantiene viva, porque mientras me duelas, cariño, te seguiré buscando. 

Prometo buscarte en callejones oscuros, en garajes, sótanos, descampados y en el fondo de los ríos. Te buscaré en la casa del vecino, en otros países y en Júpiter. Construiré un cohete, un barco, alquilaré un avión o pediré un camello. Haré lo que tenga que hacer, eso es lo que las madres hacemos. Te buscaré muerta esperando encontrarte viva. Y te encontraré.


lunes, 28 de agosto de 2017

Enjaulada


Me hacías sentir pequeña. Con tu sola presencia los nervios me ahogaban, la piel se me erizaba y las palabras se me atragantaban. 
Él me hacía sentir grande, importante, especial. No tenía miedo, me sentía en casa. 

Contigo descubrí que me gusta lo desconocido, lo inesperado, lo frenético... la locura.
Con él recordé que la tranquilidad era aquello que mi alma necesitaba, lo que mi corazón imploraba. 

Contigo vivía en una montaña rusa, subidas, bajadas, ahora sí, ahora no.
Con él la línea del horizonte se me quedaba pequeña, porque decidió que su horizonte empezaba y terminaba conmigo. 

Una mirada tuya bastaba para curar mis heridas. Heridas provocadas por ti, heridas provocadas por él. En definitiva, heridas provocadas por mí. 
Una mirada suya me hacía sentir necesitada, querida, ansiada. Para él era una droga; para ti, tú eras mi droga. 

Contigo, verdades dibujadas en silencios, en momentos, en recuerdos.
Con él, secretos cantados al viento, gritados, inmortalizados.

Tú fuiste el humo que quise acariciar.
Él fue el cazador que me quiso enjaular. 


miércoles, 23 de agosto de 2017

El ingrediente secreto

"En lo alto de aquella colina hallarás el ingrediente que te falta". Esas fueron sus  palabras, segundos después con aquella sonrisa enigmática todavía en los labios, exhaló su último suspiro. Mis lágrimas mudas suplicaban a gritos que no me dejase. Sin embargo, ni la fuente de la eterna juventud podría en esta ocasión obrar un milagro y vencer al paso del tiempo. Ángel me había abandonado con ciento dos años, una proeza no al alcance de muchos, sobre todo teniendo en cuenta que jamás dio muestras de que el paso de los años le pesase. Sin mujer, hijos o cualquier rescoldo de familia que se preocupase por él, yo, su protegida, su hija adoptada, aquella a la que salvó del frío y la nieve una noche de diciembre en la que mis desgraciados progenitores decidieron abandonarme, era todo lo que tenía. No obstante, Ángel nunca pareció necesitar más. Me había inculcado sus principios y su amor por la vida y había intentado matar la melancolía que asolaba mi alma; melancolía provocada, tal vez, por el desconocimiento de saber quien era realmente, de donde procedía, pero sobre todo, el porqué de mi abandono.

Ángel me ayudó con su alma bondadosa y generosidad desmedida a entender que la felicidad estaba al alcance de mi mano, solo tenía que tomarla. Cuando era pequeña solía decirme que él conocía la receta de la felicidad, pero que solo llegado el momento me revelaría el ingrediente secreto para que yo misma pudiera elaborarla. Supongo que el día de su muerte era ese momento oportuno y ahora aquí me hallo, en lo alto de aquellas colinas a las que mi adorado ángel de la guarda me envió para recoger el ingrediente secreto.

Ahora lo entiendo, Ángel. Ahora lo entiendo todo.



sábado, 19 de agosto de 2017

Todos somos Barcelona.


Repulsión,  dolor,  miedo,  rabia,  sirenas de policía,... Silencio.

Muerte,  muerte inundándolo todo.  Sangre en el suelo como tinta plasmada en un lienzo, recuerdo de una batalla en la que solo un bando sabía que estaban en guerra. Pueblos convertidos en cementerios, calles con olor a miedo y a sal. Sal de las lágrimas derramadas por todos, porque de forma directa o indirecta todos somos afectados, víctimas. Ataques contra muchos, ataques contra pocos, contra centenares o contra un par de personas... No tiene importancia el número, la nacionalidad, la localización, la distancia, el color de la piel, el idioma o la religión. Nada de eso importa, nunca ha importado. Esto, amigos lectores, es un ataque contra la humanidad. Siria, París, Somalia, Berlín, Estocolmo, Iraq, Barcelona... Lágrimas de ayer, lágrimas de hoy y, aunque duela, lágrimas de mañana.

Pero olvídate de esto.  Olvídalo y recuerda las sonrisas,  las voces,  los gestos. Sus gestos. Tal vez se parecía a su padre o, tal vez, era esa persona que había traído luz a tu vida. Quizá era tu hermano, tu prima, tu tío, tu madre, tu amigo. Simplemente recuérdalo y no lo sueltes,  aferra esos momentos, hazlos eternos. No permitas que el miedo gane al amor, a la paz,  a la solidaridad.  La violencia solo genera violencia,  el odio solo genera odio. No estás solo,  ahora mismo somos un mismo corazón  latiendo fuerte,  muy fuerte.  Y alto,  muy alto.  Quebremos el silencio con el sonido de la vida. Encendamos las voces que han apagado con nuestras propias voces. Unidos. No tenemos miedo.



martes, 15 de agosto de 2017

Despiértame

El post de hoy es un pequeño fragmento de "Despiértame", el segundo de mis libros publicados en Amazon, concretamente una porción de la perspectiva de uno de sus tres personajes principales. Podéis leer el principio de la novela en la sección "Libro: Despiértame" (enlaces a la página de Amazon pinchando en → DESPIÉRTAME).

"-         El tumor está situado en muy mal lugar y necesitamos disminuir su tamaño al menos. Puede que con este tratamiento consigamos curarte, Salma. En caso de que consigamos reducir su tamaño, pero no sea recomendable seguir aplicándote las dosis, deberemos barajar la posibilidad de intervenir.


Es demasiado en lo que pensar y hacerme ilusiones a estas alturas no es una opción, llevo demasiado tiempo viviendo de esperanzas. Sin embargo, debo mantenerme fuerte, por Ethan. Ahora mismo lo miro y puedo ver todo el cansancio y el dolor que esta situación le está ocasionando. Soy consciente, hoy más que nunca, de que le he robado parte de su juventud y de su sonrisa. Cada día que pasa en el hospital conmigo es un día menos en su valiosa vida. A medida que yo muero, el muere un poco conmigo. Soy todo lo que tiene en el mundo y él es todo lo que yo tengo, nunca nos hemos aferrado a nadie demasiado tiempo y nuestras relaciones siempre han resultado amores imposibles (si a eso se le puede llamar amor). Estamos solos en el mundo. Dos huérfanos sin rumbo con una única meta: vivir. De momento, simplemente nos limitamos a sobrevivir al cáncer. A mi cáncer. Una enfermedad que ataca a uno, pero muerde a dos, porque cada aguja que me clavan a mí en cualquier parte del cuerpo es una aguja clavada de pleno en el corazón de mi hermano. Cada bajón en mi estado de salud es un bajón en su estado de ánimo. Esta enfermedad está devorando mi cuerpo y su alma. Nos está devorando".  


jueves, 10 de agosto de 2017

Intento fallido

- Vivir a través de los demás no es vivir, es un intento fallido de absorber lo que envidias, de hacerlo tuyo. Por no hablar de que este modo de vida implica la muerte de tu espíritu, porque  aquello que lo hacía único se transforma en una copia barata de algo que nunca alcanzarás. Recuérdalo siempre, porque si decides vivir de esta manera tan incorrecta, envidiando y proyectando sentimientos negativos, jamás habrás vivido realmente, cariño.

- Pero, abuelo... ¿Cómo sé que estoy viviendo a través de los demás? ¿Cómo diferencio entre vivir mi vida o la de otros? Al fin y al cabo, la envidia es un sentimiento del que tendemos a avergonzarnos y nos autoengañamos diciéndonos que no es cierto, que no envidiamos nada...

- Muy sencillo. Cuando vives a través de los demás no eres realmente feliz, tienes siempre la frustrante sensación de que te falta algo y de que jamás lo obtendrás. Ese algo es la vida de otros, es el deseo de ser otra persona. Aprende a apreciar lo que tienes y a quien tienes y ni siquiera percibirás que hay otras personas a las que envidiar a tu alrededor.


viernes, 4 de agosto de 2017

Construir.

1. tr. Hacer de nueva planta una obra de arquitectura o ingeniería, un monumento o en general cualquier obra pública.

La gente te va a juzgar, eso es algo que tengo claro desde que tengo uso de razón.

 ¿¿Te has pintado el pelo de rosa?? ¡¡Qué atrevido!! ¡¡No deberías haberlo hecho!!

¿De verdad? ¿Bellas Artes? Uf… No tiene salidas laborales…

¿Cómo que no vas a tener hijos? Se te va a pasar el arroz y luego ¿qué? Sola, sin familia propia, sin nadie que te cuide…

Da absolutamente igual lo que hagas, siempre vas a ser criticado, juzgado sin un juicio justo por personas que ni siquiera se han parado a analizar sus propias elecciones antes de condenar las tuyas. Jueces de la vida, pero también jueces especializados en diversos temas que creen tener la verdad del universo escondida en la palma de su mano (y solo SU mano), jueces con la divina potestad para corregir tus errores. Sí, como lo oyes. TUS ERRORES. Esas caídas “tontas” que todo el mundo sufre a lo largo de su vida, caídas que te raspan las rodillas dejándote pequeñas (o enormes) cicatrices a modo de recordatorio para que no vuelvas a tropezar en la misma decisión, en el mismo camino, en la misma piedra… O, tal vez, para recordarte que si te caes y sientes el dolor es porque estás vivo, estás intentándolo. Sigue intentándolo. Intentarlo es la única manera de conseguirlo.


Solo tengo una pregunta para ti: ¿te importa el veredicto de esos falsos jueces? Si la respuesta es tienes un problema. No deberías dejar que los demás se cuelen en tu cabeza. El camino que otro ha elegido solo es eso, SU camino. Somos seres independientes, individuos con diferentes ideas, valores y sentimientos. Cada uno debe construir su propio camino y, precisamente en esta palabra reside el truco: construir. Los caminos de la vida no se toman, se construyen. Crea un puente que te dirija a lo que quieres ser y jamás errarás la trayectoria. Si por el contrario tu respuesta es no, mi más sincera enhorabuena, tú puente tiene unos buenos cimientos, sigue construyendo. 




miércoles, 2 de agosto de 2017

Sola.



A veces me siento sola cuando estoy acompañada. Dicen que es un fenómeno bastante común, que somos almas individuales atormentadas por el eterno anhelo de encontrar aquella compañía que nos arranque del hastío. Sin embargo, muchas veces, a pesar de encontrar lo que buscamos nos seguimos sintiendo solos.


Tal vez, llámenme loca, erramos en la búsqueda y lo que debemos encontrar no sea otra cosa que a nosotros mismos. 

lunes, 31 de julio de 2017

Sueña



Cierra los ojos. ¿Los has cerrado ya? Vale. 

Imagina que estás en ese lugar al que siempre has querido ir o en el que siempre has querido vivir. Tal vez una casita junto una playa poco transitada. Quizás eres más de campo o de montaña. Da igual, simplemente visualízalo. Visualízate en él.  Olvida el ruido, la contaminación. Olvida las preocupaciones, las obligaciones, los problemas. Olvídalo todo. Solo el sonido del silencio y tú.

Está bien, abre los ojos, pero ¡cuidado! No en esta realidad llena de relojes agotando tu tiempo. Abre los ojos en esa ilusión, en ese sueño lleno de anhelos. Abre los ojos y mira a tu alrededor, visualízalo todo, empápate del momento. Camina, respira, sonríe, aprovéchalo; no hay relojes, no existe el tiempo. 


¿Lo sientes? Hasta esa vocecita crítica que te susurra en los peores momentos sabe que tengo razón en esto. No, no me mires así, esto puede ser un sueño, pero los sueños se cumplen, siempre y cuando decidas seguir durmiendo.  


jueves, 20 de julio de 2017

Hojarasca

1. f. Conjunto de las hojas que han caído de los árboles.


"Su brillante melena dorada
 esparcida como un río
sobre la hierba seca se confundía
con la propia naturaleza".
Sus preciosos ojos grises miraban al cielo sin ver realmente nada. Su brillante melena dorada esparcida como un río sobre la hierba seca se confundía con la propia naturaleza, camuflándola como a una ninfa de los bosques. Sus manos reposaban sobre el suelo, descansando, acostumbrándose a la nueva superficie, abrazándola y aceptándola como a su nuevo hogar. En su mejilla derecha restos de tierra, en su ropa restos de recuerdos de un último encuentro. Todo en su cuerpo espiraba vida, pero solo la espiraba. Su teléfono, olvidado bajo un árbol debido a la torpeza de un último momento reclamaba desesperado, entre melodías disparatadas, la atención de su dueña. Sin embargo, ella no lo oía. Hacía horas que ni oía ni escuchaba nada. Tampoco escuchó el grito del niño que encontró su cuerpo sin vida camuflado con la hojarasca y la hierba de un prado cercano a su casa.



lunes, 17 de julio de 2017

La Gitana


Todo el mundo la conocía como La Gitana. No por su raza, sino por su tez morena y su larga melena. Preciosa, salvaje, nocturna. Malas mañas, mala lengua, buenas piernas. Triste, pero cierto. A La Gitana no se le atribuían grandes proezas más allá de una garganta profunda y una mano larga a la hora de robar carteras. No, a La Gitana se la conocía por su reputación de "sucia" y embustera. Lo que la gente no sabía era que su verdadero nombre era Nerea, que era hija de una madre soltera que le había enseñado el único oficio que conocía: el de ratera. Lo que la gente tampoco sabía era que Nerea tenía cuatro hermanos pequeños y una abuela inválida, que su madre se drogaba y que por falta de estudios nunca había podido optar a un trabajo legal. Le faltaba cultura y le sobraba experiencia. Experiencia que solo la calle le alquilaba. Y digo alquilaba porque nada en esta vida le ha sido gratis a La Gitana. 

martes, 11 de julio de 2017

Ojalá

Denota vivo deseo de que pase algo.

Ojalá la luna me contase cada noche un cuento. Una historia inventada que hable de una sonrisa de marfil y unos profundos ojos color café. Si las estrellas lo escuchasen se pondrían celosas de no ser las que más brillasen en el firmamento. Un cuento sobre el aroma más dulce, sobre el beso más tierno. Un cuento sobre el amor verdadero, sobre los sueños cumplidos, sobre dragones libres y sirenas  pudiendo agitar sus melenas al viento. Sí, al viento. Un cuento en el que hasta las sirenas pueden elegir estar en tierra en lugar de en el mar, donde los dragones no custodien princesas sino que puedan volar allá donde lo deseen, donde los mal juzgados ogros sean príncipes con corazones de oro.


Ojalá la luna pudiese hablarme y contarme todo lo que sueño. Así jamás olvidaría aquello que anhelo en silencio. Un silencio que calla hasta para mis adentros, convirtiéndolo en el secreto mejor guardado de todos los tiempos. Ojalá la luna me regalase un cuento con mis sueños, porque aunque no los recuerde sé que en ellos tú eres el personaje principal.



sábado, 8 de julio de 2017

PARPADEAR

Dicho de la luminosidad de un cuerpo o una imagen: Vacilar u oscilar.

Las luces del techo comenzaron a parpadear, era la hora. Desde que Carlota había despertado en aquella lúgubre habitación metida en una jaula y rodeada de otros en su misma situación, había aprendido a interpretar las señales y hasta a adelantarse a los movimientos del monstruo. Todos los días, las luces comenzaban a tintinear hasta que solo una conseguía mantenerse encendida. Era el aviso de que la bestia estaba en camino. Mientras el silencio se apoderaba de todo a su alrededor, la sombra de su captor se dibujaba en la pared más alejada. En su mente aquello tardaba minutos, pero sabía que en realidad solo unos tristes veinte segundos transcurrían a lo largo de toda la escena. Cuando la silueta del secuestrador atravesó la oscuridad y se situó bajo la única luz todavía encendida el ritual se dio comienzo. Sus compañeros de cautiverio comenzaron a temblar, a lloriquear y a suplicar en susurros por su vida. Sin embargo, el monstruo parecía no oírlos. Sin más preámbulos se dirigió directamente hacia la jaula en la que mantenía a Carlota. No fueron necesarias las palabras para que la muchacha entendiese. Sin dudar, sin pestañear y casi sin respirar levantó su dedo índice y señaló a la mujer enjaulada tres metros más allá de su celda. El monstruo se giró bruscamente y arrastró a la mujer fuera de su jaula. Los gritos se escucharon  más fuerte que los truenos en una noche de tormenta. Una lágrima silenciosa se precipitó por el rostro de Carlota bajo la asqueada mirada de los allí presentes. Carlota, sin saber porqué había sido elegida por la bestia para escoger el menú de cada día. Ese era el trato, elegir a los muertos a cambio de su vida. 




viernes, 7 de julio de 2017

Alma

Principio que da forma y organiza el dinamismo vegetativo, sensitivo e intelectual de la vida.


Dicen que la sonrisa es el reflejo del alma, sin embargo también es cierto que del dicho al hecho hay un trecho. No, tú sonrisa no reflejaba tu alma. Tu sonrisa era brillante, cálida, encantadora... y mentirosa. Tu sonrisa era amable, tímida, adorable... Al menos al principio. Más tarde se convirtió en una mueca diabólica acompañada por un brillo sádico en tu mirada. Aquella sonrisa que me engatusó duró un suspiro, un latido de mi corazón acelerado. Aquella luminosidad acompañada siempre de dulces caricias se convirtió demasiado rápido en oscuridad amenizada por hematomas y mi sangre derramada. Las promesas y los "te quiero" se quebraron como alguno de mis huesos. Los maravillosos planes de futuro fueron sustituidos por gritos y lágrimas de dolor.

Y ahora aquí me hallo, en el borde de una cornisa en lo alto de un edificio de once pisos, debatiéndome entre saltar o echar a correr, porque lo único que tengo claro es que en tus manos no voy a volver a caer. 





martes, 20 de junio de 2017

AGUA


Kira le dio todo a Darío: su vida, su amor incondicional y su completa lealtad. Darío le dio algunas cosas a Kira: un techo, cariño esporádico y un hogar provisional. Ella creía que él era su mundo, su protector, su amigo incondicional. Él creía que la quería y que era bueno tenerla. Kira le confió su corazón y su vida sin ni siquiera imaginar que él pudiese destruirlo todo. Darío tomó su corazón y su vida sin ni siquiera imaginar que ella podía sentirlo todo. 

Entonces, Darío se mudó y en su nueva casa no había espacio para Kira. Ya nunca había espacio para Kira. Él, sin atisbo de duda, cogió el corazón de la dulce perrita que lo había acompañado durante años y lo arrojó en el medio de la nada junto con ella. Abandonada y sola bajo la lluvia, Kira lloró y lloró lágrimas de sangre y sal, suplicó entre ladridos lastimeros que su viejo amigo volviese, pero no volvió. Nunca regresó. Darío olvidó a Kira en el mismo instante en el que ató su correa a un árbol. Después de eso se subió a su coche en dirección a una vida nueva, sin mirar atrás. 

Pasaron varios días antes de que Iria descubriese a una Kira agonizante bajo un sol abrasador. La muchacha no dudó en llevársela para salvarla, para amarla para siempre. Kira ahora se llama Agua y solo las cicatrices que le produjo el intentar zafarse de aquel amarre mortal le recuerdan a Darío. 

No los abandones, ellos nunca lo harían.

miércoles, 14 de junio de 2017

ERROR

Acción desacertada o equivocada.

Mi primer error fue enamorarme de ti. 
El segundo fue dejarte ir. 
El tercero, bueno, el tercero puede que fuese creer que el tiempo todo lo cura. El tiempo, sin esfuerzo, no sana ni cambia nada. 
El cuarto fue aquella canción susurrada que me persigue allá a donde vaya. 
El quinto fueron promesas vacías que por falta de peso volaron como plumas con una ráfaga de viento. 
El sexto fue una carta contándote una verdad que jamás leerás. Una de tantas… 
El séptimo fue creerme tus mentiras, incluso cuando no las creía. 
Sin duda, el octavo fue contarte mis secretos. Los secretos no se cuentan, simplemente porque si los cuentas dejan de ser secretos. 
El noveno fue regalarte mis “te quiero”. 

Sin embargo, de todos estos el décimo fue el peor: querer bajarte el cielo cuando lo único que buscabas era ahogarte en el infierno de tus recuerdos.


Mis libros

Mis libros
Clic en la imagen y a leer, ¡adelante!