jueves, 27 de abril de 2017

VIENTO

Corriente de aire producida en la atmósfera por causas naturales, como diferencias de presión o temperatura.
"El viento huele a flores,
 a pan recién hecho
y a agua salada". 

El viento huele a flores, a pan recién hecho y a agua salada. Todo dependiendo de donde lo huelas. Por ejemplo, en casa de mi abuela siempre huele a bollos de crema y en la de mi tía Maica, a hierba recién cortada. Solo con imaginarme el olor puedo transportarme a esos lugares y disfrutar de los deliciosos aromas que inundaban mi infancia. Entonces, abro los ojos y me despierto en un lugar muy diferente al que creía. No estoy en mi cama, durmiendo plácidamente, sino en el frio suelo de una nave industrial alejada de la mano de Dios, iluminada por un foco, rodeada de otras personas en mi misma situación. Intento incorporarme y solo en ese momento soy consciente de que estoy gravemente herida en la pierna derecha. Un gran corte atraviesa mi muslo tan profundamente que puedo ver el fémur. Las lágrimas se agolpan en mis ojos e, incontrolables, se precipitan por mis mejillas. Miro a mi alrededor en busca de ayuda y lo único que obtengo es un destello plateado, veloz y mortífero, arrancando de cuajo la vida de la mujer que está a mi derecha. El hombre que empuña el arma se acerca a mí con una sonrisa diabólica en sus ojos, ojos en los que solo se puede ver oscuridad.

- El viento ya no huele a flores, ¿verdad? – me dice justo antes de atravesarme con la espada.



miércoles, 26 de abril de 2017

ERRANTE

Que anda de una parte a otra sin tener asiento fijo.

190 km/h. Chupa de cuero, gafas de sol, el viento en la cara y todo qué perder. Me he pasado los últimos veintidós años siendo un penitente errante, sin patria ni familia, escapando de todo y de nada, siendo y no siendo. La muerte en mis manos, la sangre a mis espaldas, víctimas adornando mi lista de trabajos. Ladrón de día, sicario de noche. Nadie puede salvarme. Me dirijo a un destino sin retorno. Voy a morir, lo sé, lo acepto. Sin embargo, sonrío, soy feliz porque me lo he ganado a pulso. Cada gota de sangre derramada fue lentamente firmando la sentencia de muerte con mi nombre. Las sirenas y las luces se reflejan en el retrovisor y es que siempre me han gustado los finales espectaculares. El final del puerto está cerca, puedo ver como la policía aminora el paso en su persecución. Doy una última calada al cigarrillo que reposaba en el cenicero y subo la música todo lo que puedo, estoy en una puta autopista hacia el infierno.

martes, 25 de abril de 2017

GUERRA

Desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más potencias.

La guerra nos mantuvo lejos. Las bombas, los fusiles, la sangre y la vida escapando de cada cuerpo fueron suficiente para que mi padre nos alejase del que había sido nuestro hogar sin tan siquiera pararse a preguntar. A día de hoy entiendo su postura y su decisión. Por aquel entonces, sin embargo, lo odié por despojarme de todo lo que creía poseer. Mis primos, mis tíos y hasta mi propio padre perecieron en una guerra que no era la suya a manos de enemigos que tampoco eran suyos. Perdieron a su familia, sus hogares y la vida a manos de otros en su misma situación, obligados a luchar por intereses de terceros demasiado cobardes para arreglar sus problemas ellos mismos. Las guerras son el cáncer de una sociedad enferma que se extirpa miembros a sí misma con tal de conseguir ganar el juego. Mi padre lo sabía y por eso murió hace ya sesenta años, solo, con una rosa blanca en la mano como recordatorio de su única hija cuya última mirada había estado plagada de odio y resentimiento. Una hija que está viva gracias a su sacrificio.

lunes, 24 de abril de 2017

DESTINADO

Que fatalmente tiene que terminar de una manera determinada.

"Solo fueron necesarios
gas y cerillas".
Un cruce de miradas, una cerilla y una gran explosión. Imágenes repetidas una y otra vez como una película antigua en un proyector estropeado. Miedo, frustración, rabia, celos y odio mezclándose en una despedida amarga teñida por la sangre y el fuego. Dos amantes, una traición y una única manera de arreglar las cosas, al menos la única manera que a ella se le ocurrió. Solo fueron necesarios gas y cerillas. En cuestión de segundos aquel al que había amado más que a sí misma abandonó este mundo de la mano de quien estaba destinado a hacerlo. “Hasta que la muerte os separe”, había dicho el cura.

sábado, 22 de abril de 2017

MISTERIO

Cosa arcana o muy recóndita, que no se puede comprender o explicar.

"Sonreía silenciosamente mientras
 oteaba la inmensidad azul
que se mecía bajo sus pies".
Alicia se encontraba sumida en sus ensoñaciones, embobada, extasiada por la belleza del mar. Sonreía silenciosamente mientras oteaba la inmensidad azul que se mecía bajo sus pies. Su sonrisa era un misterio, pero pronto se convertiría en mi misterio favorito. Esa dulce expresión de calmado regocijo me traía loco y a la vez me aportaba una cordura que ningún ser racional puede llegar a imaginar. Jamás hubiese hecho caso si alguien me avisase de los peligros que la blancura de su sonrisa me deparaba. Jamás hubiese creído habladurías malintencionadas que mancillasen el honor de alguien como Alicia. Esa imagen, ese momento, ese azul marino combinado con el de su bella mirada me extasiaron y me atraparon para siempre en un bucle de devoción, amor y miradas. Porque la sonrisa de Alicia podía denominarse de muchas maneras, pero ninguna aclaraba el misterio de su belleza.




lunes, 17 de abril de 2017

APRENDIZ

Persona que aprende un arte u oficio.

El joven aprendiz se esforzaba en manejar el noble arte de la artesanía que su maestro intentaba inculcarle. Sin embargo, por mucho que se esmerase y por mucho que practicase no conseguía que su trabajo fuese mejor que un amasijo sin forma ni utilidad. Harto de sembrar sin obtener cosecha, arrojó todo su trabajo al riachuelo que bordeaba el taller, se sentó entre lágrimas, lamentándose por no poder conseguir que su esfuerzo valiese la pena y se enfrentó a la triste realidad de tener que dedicarse a cualquier otra cosa que sí le retribuyese como se merecía, a pesar de que no le gustase. Entonces, algo brilló en el fondo del río. Un destello captó por completo su atención, obligándolo a adentrarse en sus aguas y a descubrir su origen. Sin apenas darse cuenta se sumergió en la profundidad y se aferró al brillante objeto que cada vez se insinuaba con más nitidez. Tiró, tiró con todas sus fuerzas, intentó desenterrarlo dispuesto a no abandonar el agua sin su premio. Tanto tiró que terminó tragando demasiada agua. El joven artesano fue encontrado horas después, aferrado a sus utensilios de trabajo en el riachuelo que bordeaba el taller de su maestro.


miércoles, 12 de abril de 2017

CLANDESTINA

Secreto, oculto, y especialmente hecho o dicho secretamente por temor a la ley o para eludirla.

"Medias de rejilla,
zapatos de tacón,
carmín color rojo,
rímel y perfume de coco".
Medias de rejilla, zapatos de tacón, carmín color rojo, rímel y perfume de coco. En la boca una sonrisa triste y en los ojos la sombra de un llanto reciente. Las ojeras pronunciadas que dan un tono mortal a su impoluta piel blanca, son testigos mudos de lo que las largas madrugadas le deparan. “Si quieres rozar el lujo primero tendrás que rozar otras cosas, cariño” le habían dicho años atrás aquellos que consideraba confiables. Ahora la noche era su vida y su muerte, hombres desconocidos entrando y saliendo de su piso le recordaban una y otra vez los errores que había cometido no hacía tanto tiempo atrás. Siempre creyó que el dinero lo compensaría, sin embargo lo único que el dinero conseguía era encadenarla más y más a una supervivencia, que no vida, clandestina.

martes, 11 de abril de 2017

La Sociedad te está esperando.


"¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? Lo único que puedo ver es una luz cegadora en el techo que absorbe cualquier visión de mi entorno. Parpadeo varias veces y dirijo la mirada hacia abajo, a algún lugar donde tener los ojos abiertos no sea una agonía. Sigo parpadeando hasta que medio me acostumbro al exceso de luz. Entonces, me doy cuenta de que me duele profundamente el lateral izquierdo del cuello y parte del hombro. ¿Qué me ha pasado? Cuando consigo visualizar el lugar en el que estoy una oleada de pánico me invade. No, no solo me invade… me arrastra a la otra orilla.

La habitación en la que me encuentro es de color gris oscuro, las paredes están manchadas de fluidos que prefiero no reconocer y no hay cama, solo una manta doblada en una esquina. Las paredes son completamente lisas al igual que el techo. La puerta, de un acero oxidado que da la sensación de llevar allí siglos, tiene una pequeña ventana redonda, pero en este momento me siento demasiado cobarde para aventurarme a asomar la cabeza. No hay nada a mí alrededor, ni ventanas ni mobiliario. Lo que sí que hay, es un retrete colocado en el extremo opuesto a donde se encuentra la manta. La habitación es más grande de lo que debiera, si atendemos al hecho de que está vacía. 

El suelo está frío, muy frío y a mí me duele todo. Cuando vuelvo a mirar hacia abajo, ahora provista del don de la vista, me doy cuenta de que estoy desnuda. Completamente desnuda. No tengo pantalones ni ropa interior, lo único que tengo es un reloj digital que me permite saber la hora que es. Pero este reloj no es mío, ¿cómo ha llegado a mi muñeca? Las preguntas se me agolpan con la misma intensidad con la que sube mi vergüenza, mi miedo y mi ira. Examino si tengo alguna herida o golpe y lo único que encuentro es ese punzante dolor en el cuello. Entonces me acuerdo, me han inyectado algo, algo que me ha hecho dormir y, según el desconocido reloj que llevo puesto, he estado sumida en ese horrible letargo unas catorce horas. 

Mi cerebro empieza a funcionar otra vez, noto los engranajes moverse lentamente, pero con decisión. Es hora de levantarse, descubrir dónde estoy y cómo salir de aquí. Me incorporo más rápido de lo que debiera y mi cuerpo me castiga con un inoportuno mareo. Decido tomármelo con calma y me vuelvo a sentar en el suelo. Cuando me siento con las fuerzas necesarias para enfrentarme a la realidad, me levanto lentamente y me dirijo a la pequeña ventana de la puerta. Me asomo con cautela, pero no veo nada ni a nadie. Lo único que puedo ver es un pasillo vacío de un color similar al de la habitación en la que me encuentro. Intento abrir la puerta, pero como me esperaba, está totalmente bloqueada. Forcejeo sin éxito y, de repente, comienza a sonar una alarma acompañada de unas poderosas luces rojas que veo reflejadas en el pasillo. Con la presión del forcejeo he debido activar una especie de alarma antifuga. Sin saber qué hacer, me preparo mentalmente para lo peor y decido afrontarlo con dignidad. No voy a salir de aquí, al menos, no tan fácilmente. Vuelvo al centro de la habitación donde desperté y me siento con las piernas en cuclillas de cara a la puerta, esperando gentil y educadamente la llegada de mi verdugo. Unos tres minutos después, la sirena deja de sonar y escucho una especie de ruido mecánico en el interior de la habitación, busco a mi alrededor el origen del sonido y, solo es cuando alzo la vista, que lo encuentro. Hay cámaras del mismo color que las paredes, probablemente por eso no las había detectado antes, cuando mis ojos estaban adaptándose al nuevo medio. Alguien me ha estado observando. Me levanto desafiante, mirando fijamente a la cámara, haciendo ver que el hecho de que me hayan despojado de mi ropa no me achanta. Entonces, una voz masculina fuerte y rasgada retumba por toda la habitación: BIENVENIDA A LA SOCIEDAD.".

Así comienza la historia de Olivia y si quiere sobrevivir deberá guiarse por su instinto, porque cada día en La Sociedad puede ser el último. Pero, ¿qué es La Sociedad? ¿Por qué han elegido a Olivia? Descúbrelo en mi primera novela de ficción ya disponible en Amazon.


11B


11B. Hace dos días que lo único en lo que puedo pensar es en ese número y esa letra. Aparecen en mis sueños, en mis pensamientos y, de alguna extraña manera, en mis recuerdos. Grandes caracteres negros sobre un fondo blanco. Intento concentrarme en el origen de ese pensamiento y no lo consigo. Me descubro a lo largo del día preguntándome una y otra vez ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Qué? Pero nunca obtengo respuesta. Hasta ahora. Me encuentro en un polígono industrial apartado de la mano de Dios con mi compañero Ricardo (Richard para los amigos), estamos en la furgoneta de reparto esperando un pedido, sin hablar, el silencio solo interrumpido por la monotonía de la radio y justo frente a nosotros puedo ver el enorme cartel blanco con caracteres negros: 11B. Estoy embobado mirándolo, sin entender cómo demonios es posible que haya estado pensando justamente en ese número durante dos días, cuando Ricardo me pega un tiro en la sien.

sábado, 8 de abril de 2017

REFLEJO

Imagen de algo o de alguien reflejada en una superficie.

El reflejo de aquel espejo enloquecía a todo el que osara mirarlo por más de un segundo. Las almas de todo los que había consumido podían intuirse en su interior, luchando por salir o, simplemente, por sobrevivir de alguna manera diferente a la humana. Trece años, cinco meses y seis días habían pasado desde que Valentina había atravesado la superficie reflectante del maldito armatoste. Trece años, cinco meses y seis días que Lucas había pasado sin el calor del abrazo de su madre. Ahora, con catorce años y la decisión más que tomada, había decidido recuperar a su madre de una vez por todas. Con su mochila verde al hombro, una cuerda atada a la cintura y su perro Rufus ejerciendo de vigía, el chico atravesó el espejo con la firme determinación de volver de la mano de su madre. 

Trece años, cinco meses y seis días más pasó su padre frente al espejo esperando el regreso de su hijo. La cuerda que el muchacho se había ceñido a la cintura para asegurar su vuelta, regresó cortada y el único rastro del muchacho residía en la superficie del espejo. Su silueta se intuía entre una de las miles que luchaban por salir, acompañada muy de cerca de la de su amada Valentina. El padre de Lucas esperó y esperó hasta que la propia muerte se presentó en persona a recoger su desgastada alma, ni siquiera en el más allá recuperaría a su familia atrapada para siempre en un maldito espejo embrujado por las malas artes.


jueves, 6 de abril de 2017

PROFANAR

Tratar algo sagrado sin el debido respeto, o aplicarlo a usos profanos.

Mario visitaba a su hermana cada jueves desde hacía doce años. Se dirigía a su encuentro cuando la tormenta comenzó. Los rayos iluminaron el cielo ennegrecido por los oscuros nubarrones y el amenazador estruendo de los truenos ahogó el resto de sonidos que la ciudad arrojaba. Mario abrochó su gabardina e hizo caso omiso de la adversa situación meteorológica que se le presentaba, jamás había faltado a ninguna de sus visitas y el mal tiempo no cambiaría ese hecho. Apresuró el paso y se encaminó calle abajo vislumbrando desde la lejanía su destino. Ensimismado y apresurado, ni siquiera se dio cuenta de que una sombra lo seguía silenciosamente por las callejuelas de la antigua ciudad. Se encontraba a doscientos metros de la puerta de entrada cuando un rayo iluminó la calle y también a la sombra que lo seguía. Un hombre con la cara quemada, sin una mano y con una estudiada cojera lo observaba con una mirada espeluznante. A Mario se le heló la sangre y cayó de bruces debido a la impresión. Otro rayo iluminó la escena durante el tiempo necesario para que el hombre pronunciase las siguientes palabras:

- Ella ya no está ahí.

La luz del rayo desapareció y la calle volvió a quedar sumida en las sombras, entre las cuales ya no se apreciaba al mutilado individuo que lo había asustado. Mario no lo reconoció, pero algo en su semblante y en sus palabras le resultaba conocido. Sin tan siquiera pararse a reflexionar sobre lo que había sucedido, se incorporó y corrió a su destino. Atravesó las puertas del cementerio como una bala en busca de su víctima y corrió a la cripta de su familia. La tumba de su hermana había sido profanada, su cuerpo ya no estaba allí.


miércoles, 5 de abril de 2017

AZUL (III)

Dicho de un color: semejante al del cielo sin nubes y al mar un día soleado, y que ocupa el quinto lugar en el espectro luminoso.

(Este texto es la tercera parte de Azul, si no  habéis leído las otras dos os resultará complicado seguir el hilo de la historia. Para ir a la primera y a la segunda parte solo tenéis que hacer clic aquí: Azul (I) y Azul (II)).

Día 28.
Hoy acompañé a mi madre a hacer la compra semanal. Caminamos por la calle hasta alcanzar un parque repleto de niños felices jugando y saltando, vibrando con la vida que inunda sus venas. Ahí, en ese parque, el corazón se me paró, sentí una punzada de dolor en el pecho y el hueco de mi estómago se hizo más grande, pero no dije nada. Seguí caminando, intentando respirar con normalidad sin llamar la atención ni despertar la preocupación de mi madre. Cuando volvimos a casa subí a mi desconocida habitación e intenté dormir, olvidarme de lo poco que recuerdo.

Cuando desperté descubrí una reunión clandestina en el salón. Bajé las escaleras de la forma más silenciosa posible y me escondí en la penumbra que envolvía el rellano. Mis padres, mi hermano y unos señores a los que no conseguía ver la cara se encontraban sumergidos en una conversación que debía de ser cualquier cosa, pero no agradable. Mi madre lloraba, mi hermano agachaba la cabeza y mi padre, simplemente, escuchaba lo que los señores le decían. Intenté escuchar y mi cerebro consiguió reconocer las voces. Conocía a esas personas. Miguel y María. Esos fueron los nombres que afloraron en mi cabeza. Entonces, la mujer se levantó y avanzó hacia la entrada del salón, miró hacia el techo con una de las miradas más tristes que probablemente haya visto en mi vida. Sus ojos azules lo eran aún más bañados por lágrimas de dolor. Azul, ese azul… Intenté conectar con la conversación, entender las palabras y recordar algo más que unos simples nombres. Pero sus palabras eran alaridos susurrados que hicieron despertar en mi memoria demonios dormidos.

Todos se levantaron y se dirigieron a la salida, iban a descubrirme así que me colé en la cocina sigilosamente. Mi padre los acompañó al coche, mi madre subió a su dormitorio ahogada en lágrimas ácidas que quemaban su corazón más que su rostro. El único que permaneció en el mismo sitio fue Matías, sentado, cabizbajo… No, no estaba cabizbajo, estaba mirando algo. Tenía una foto aferrada entre las manos como si fuese su mayor tesoro y no pude evitar acercarme atraída por un magnetismo más poderoso que la gravedad. No levantó la cabeza pero sabía que era yo. Me senté a su lado y tomé la fotografía de sus manos. Entonces, los recuerdos me enterraron. Eran como una cascada de agua helada que, cuando llegaban a mí, se convertían en hielo, clavándose como puñales.

"Semejante al del cielo o al
del mar en un día soleado".
El día del atentado yo no estaba sola, me dirigía al teatro con mi marido y mi hijo de 10 años. Darío llevaba a Lucas de la mano cuando pisaron una de esas malditas minas. Yo estaba más rezagada observando como la vida me había dado todo lo que necesitaba para ser feliz, entonces mi móvil sonó y me paré a contestar. Fue en ese momento cuando todo se volvió azul. Viví a cámara lenta como mi mundo se acababa. Todo moría con la mirada azul de mi niño. Esos preciosos ojos azules heredados de su padre y su abuela. Esos ojos que me persiguen desde ese fatídico día y que me perseguirán por siempre. Vi el cuerpo de mi pequeño en condiciones que mi cerebro ha decidido distorsionar, agonizando a pocos metros de mí. Intenté moverme para ayudarle, para protegerlo, para salvarlo, pero la explosión me había alcanzado. Grité, me arrastré, supliqué y recé. El mundo estallaba y nosotros con él, todo se movía a cámara lenta a nuestro alrededor. La gente corría asustada, buscando refugio; la vida se escapaba en últimos suspiros, cuerpos desmembrados caían por todas partes, heridos mortales susurrando sus despedidas… La muerte acechaba a la vuelta de la esquina esperando su botín. La siguiente explosión provocó una lluvia de cascotes que nos golpearon y enterraron volviéndolo todo negro.

Día 38.
Hace diez días que sé la verdad. Los recuerdos siguen volviendo, pero ya solo son sonrisas y juegos, recuerdos felices de tiempos que ya nunca volverán. Matías me ha llevado al lugar donde descansan mis ángeles. El no haber podido despedirme, pasar el duelo o vestir el luto maximiza mi dolor. La tristeza que asola mi alma es solo comparable con la inmensidad del universo. Jamás podré olvidar la cara de mi niño en sus últimos momentos, esa imagen me persigue en mis pesadillas y en mis alucinaciones. Juego cada noche a venderle mi alma al diablo a cambio de una última sonrisa de mi pequeño. Sé que Darío lo está cuidando y que ambos me están esperando en el mundo de los sueños.

He vuelto a la que realmente es mi casa, esa casa llena de recuerdos que ahora está desolada. Ya no se escuchan gritos, risas o correteos. Ya no se respira felicidad, ni la luz alumbra con el mismo esplendor. Ahora es solo una casa gris con habitaciones vacías.

En las noticias dicen que han detenido a uno de los terroristas, que tres murieron en el atentado abatidos por la policía y que dos han escapado. Yo solo alcanzo a preguntarme por qué seres tan podridos están todavía en este mundo mientras mi pequeño rayo de luz azul ya lo ha dejado. Cómo individuos tan inhumanos continúan vagando libres mientras el hombre más bueno que he conocido ha perecido en un sinsentido.

Ahora es momento de asumir la realidad, apretar los dientes, tragarse las lágrimas y seguir caminando. Ser fuerte es algo que se le daba mucho mejor a Darío que a mí. Él, con su paciencia infinita y su amor incondicional, me proporcionaba el refugio que necesitaba para calmar mis miedos. Pero ya no está y ahora soy yo la que tiene que caminar sola. Caminar por mis dos ángeles. Es hora de sonreír, gritar, saltar, reír, amar y llorar. Es hora de vivir por todos aquellos que ya no están.



martes, 4 de abril de 2017

La Sociedad


Olivia despierta desnuda y aturdida en una habitación gris totalmente desconocida para ella. Atrapada y desesperada, poco a poco irá descubriendo que no es la única en esa situación y que lo que parece ser un secuestro es algo mucho más grande. Para sobrevivir no solo deberá entrenar su mente y su cuerpo, sino que deberá forjar alianzas con aquellos de los que desconfía. En el transcurso de la novela iremos viendo como su historia familiar y la seguridad nacional se entrecruzan creando un laberinto del que solo podrá salir si confía en sus instintos.

Si os gusta la intriga, la acción, el suspense y el drama no os podéis perder "La Sociedad".


(Links haciendo clic en la foto)
SINOPSIS:
"No confíes en nadie en quien tu instinto no confíe". 
Olivia debe ceñirse a estas palabras si quiere sobrevivir. 
Se enfrenta a una carrera a vida o muerte en la que su
familia y la seguridad nacional son factores cruciales. 

Cada día en La Sociedad puede ser el último.


Prólogo en la pestaña Libro: La Sociedad.



AZUL (II)

Dicho de un color: semejante al del cielo sin nubes y al mar un día soleado, y que ocupa el quinto lugar en el espectro luminoso.

(Este texto es la segunda parte de Azul (I), si no lo habéis leído os resultará complicado seguir el hilo de la historia. Para ir a la primera parte solo tenéis que hacer clic aquí: Azul (I))

Día 7.
Hoy mi familia ha hecho aparición, abrazándome entre lágrimas, desconsolados, con un brillo agridulce en la mirada. Me explicaron que no habían podido verme antes porque formaba parte de los tantos desconocidos ingresados tras el atentado. Ya me habían dado por perdida cuando llamaron del hospital informando de que estaba viva. Mi caso había sido peculiarmente difícil debido a que había perdido mis pertenencias en el caos provocado por las explosiones y gracias a la amnesia que sufría no podía aportar información sobre mi identidad. Nadie sabía quien era o como me llamaba. Sin embargo,  ahora todos me llaman Laura, supongo que ese es mi nombre.

Día 10.
Con el paso de los días comienzo a recordar la cara de mi padre y como me elevaba por los aires cuando era pequeña, el perfume de mi madre inundando cada estancia de la casa y los dibujos de mi hermano, que con el paso del tiempo se han convertido en prodigiosas obras de arte. A pesar de ello, siguen siendo unos desconocidos.

Día 17
Hoy me han dado el alta hospitalaria tras dos semanas en observación. Los médicos me han dicho que no creen posible que vuelva a caminar con normalidad, pero que sí recuperaré parte de la movilidad de la pierna, para ello, tengo que someterme a duras cirugías. 
Tras dos semanas de encierro hospitalario, lo que menos anhelo es el movimiento. Sin embargo, la pérdida de memoria sí me resulta incapacitante. Mi familia me ha traído a su casa y me han instalado en la que dicen que es mi habitación, pero yo no me siento como si esta fuese mi casa. Mi madre me persigue con cara de miedo y con ese misterioso brillo en la mirada. Es como si estuviese feliz y terriblemente disgustada al mismo tiempo. Mi padre ha pedido unos días en su trabajo para quedarse en casa y cuidarme, supongo que, como todo padre, quiere proteger a su pequeña de los monstruos del armario. Mi hermano Matías, sordo a las protestas de mi madre, me habla de las novedades que hay sobre el atentado. Es el único que besa la realidad y quiere que recuerde el pasado reciente. Algo pasa, lo sé. No me lo están contando todo.

Día 22.
Los días pasan y las preguntas se me agolpan. Todo lo que no he hablado en las últimas semanas lo expulso ahora en forma de incógnita que nadie, excepto Matías, quiere resolver. ¿Qué hacía en  Gran Vía? ¿Estaba sola?  A la primera pregunta la respuesta parece fácil, todos me dicen que estaba de compras. A la segunda responden con evasivas y con negativas poco creíbles. ¿Qué me ocultan? Ahora soy consciente de las ausencias que decoran las paredes, de los marcos vacíos y esa extraña sensación de vacío en mis dedos.
Cada noche el azul me persigue, me ahoga  y se convierte en hielo. Hielo que jamás, por mucho que suba la temperatura, se derrite. Mis pesadillas se convierten en alucinaciones y mis pánicos nocturnos en miedos diurnos. Me siento sola, mi familia no llena este hueco en mi pecho. Vivo en un encierro voluntario, ajena a lo que sucede en el mundo real. Pero es suficiente, tengo que salir y respirar. Entre las paredes de un hogar que no siento mío me ahogo.


Mañana subiré el final del relato. Un saludo y ¡gracias por leerme!

lunes, 3 de abril de 2017

AZUL (I)

Dicho de un color: semejante al del cielo sin nubes y al mar un día soleado, y que ocupa el quinto lugar en el espectro luminoso. 

Día 1.
Azul. Todo lo que puedo recordar es un intenso color azul. No recuerdo mi nombre, mi edad, si tengo familia o amigos. Lo único que sé a ciencia cierta es que tengo el pelo negro, los ojos verdes y que no siento la pierna derecha. Varias personas ataviadas con batas blancas han estado visitándome, mirándome con compasión y repitiendo la inmensa suerte que he tenido. Sin embargo, cuando pregunto a qué se refieren y por qué he tenido tanta suerte, la única respuesta es el silencio. Frío, aterrador y devastador silencio.

Día 3.
"Semejante al del cielo sin nubes
y al mar un día soleado".
Con el transcurso de los días sigue rondándome la mente el color azul. Es lo único en lo que puedo pensar. Es absurdo, lo sé, pero me aferro a ello como si fuese un bote salvavidas y mi pérdida de memoria, el más embravecido de los océanos. Por las noches me veo acechada por el pánico. Imágenes en forma de fogonazos bombardean mis sueños dejando la horrible sensación de que la muerte está detrás de la puerta, esperando un descuido para transportarme al infierno. En esos momentos de desasosiego, lo único que calma mi ritmo cardíaco, el agarrotamiento y el sudor frio es la imagen de ese intenso azul. Es como un mantra visual, lo repito una y otra vez hasta que me calmo y puedo dormir sin pesadillas.

Día 4.
La planta del hospital en la que me encuentro está atestada de pacientes en situaciones similares o peores que la mía.  Tras varios días sola en esta sombría habitación, he recibido la inesperada visita de una chica de 17 años  que recorría la planta, desesperada, buscando a su familia. Por lo visto, mi habitación era el último lugar en el mundo que albergaba la posibilidad de que sus padres estuviesen vivos. 
Candela, así se llamaba, me dijo que su familia y ella habían elegido el peor de los días para visitar la que, hasta entonces, era su ciudad favorita. Era una joven sevillana que estaba pasando unas vacaciones familiares en Madrid. Paseaban alegremente por Gran Vía cuando todo colapsó. Candela me contó que los pacientes que ocupábamos esta planta del hospital habíamos sido víctimas de un atentado terrorista y me relató con pelos y señales lo que había sucedido.
La ciudad estaba concentrada en conservar su frenético ritmo sin poder imaginar lo que bajo sus pies se tramaba. Un grupo de malnacidos, cuyo único objetivo era sembrar el terror, habían colocado  bajo cada tapa de alcantarilla de  Gran Vía cargas explosivas programadas minuciosamente para que a partir de las cinco de la tarde explotasen como reacción a la presión ejercida por ciudadanos estresados absortos por la rutina. Candela y sus padres caminaban alegremente, fijándose en todo y en nada, disfrutando de su mutua compañía y de la novedad que les aportaba la ciudad, cuando el fin del mundo comenzó. La gente huía despavorida sin ser consciente de que, precisamente huir, era lo que los estaba matando. Cuando Candela y su familia se creyeron  a salvo, el apocalipsis volvió a desatarse y los tres saltaron por los aires. La muchacha despertó en un  infierno de asfalto, cristales, sangre y cuerpos sin vida, muchos de ellos, repartidos en mil pedazos. Los gritos de dolor se mezclaban con los de auxilio, creando una sintonía estremecedora.
Una vez hubo terminado de contar lo sucedido, sentimientos dormidos en oscuros rincones de mi cerebro despertaron. Sentí dolor, un dolor de esos que taladran el alma. Sentí miedo, un miedo paralizante que me cortaba la respiración.  Sentí una mirada azul penetrándome el corazón. A partir de ese momento, me convertí en una de esas bombas que habían destruido tantas vidas, programada para explotar bajo la más mínima presión.


Esta es la primera parte de un relato más largo que partiré en tres bloques para no hacerlo demasiado extenso en un solo post.  Un saludo y ¡gracias por leerme!
Segunda parte: Azul (II)

domingo, 2 de abril de 2017

BRUMA


Niebla, especialmente la que se forma sobre el mar. 

Los amantes se tomaron de la mano y comenzaron a correr desesperadamente, escapando de los demonios acechantes que se encontraban escondidos entre la bruma. El acantilado se perfilaba ya ante ellos,  un abismo separando el todo de la nada. La espesa niebla comenzaba a pisarles los talones, intentando consumirlos antes de que pudiesen escapar. Llegaron al borde del acantilado y frenaron en seco viendo la muerte reflejada en la densa oscuridad que les ofrecía. Tras ellos, la niebla se materializó con dantescas y amenazadoras formas. Solo les quedaban dos opciones: lanzarse a la desconocida oscuridad que ante ellos se presentaba o dejarse devorar por los monstruos de bruma que los perseguían. 

- No hay escapatoria, Daniella - dijo Elías. 
- Sí la hay.

"El acantilado se perfilaba
 ya ante ellos,  un abismo
separando el todo de la nada".
Los ojos de la muchacha estaban clavados en el oscuro recibimiento que las profundidades del acantilado les preparaba.

- No puedes estar hablando en serio.

Daniella lo miró a los ojos transmitiéndole con la mirada la urgencia de su decisión.

- ¿Confías en mí? - le dijo.
- Más que en mí mismo.
- Entonces, dame tu mano y salta conmigo.
- Nos mataremos.
- ¿Y si no?

Entonces, Elías tomó la mano de Daniella y ambos saltaron al oscuro agujero que a sus pies se abría en el momento exacto en el que los monstruos de bruma se avalanzaban sobre ellos. No se escuchó el batir de los cuerpos contra el fondo, ni gritos, ni el susurro de la muerte... Los monstruos acercaron sus diabólicos ojos grisáceos al borde del precipicio no pudiendo vislumbrar nada más que penumbra. Convencidos de que los amantes habían muerto en la caída abandonaron la persecución y volvieron al lugar al cual pertenecían, al mundo de los miedos. Media hora más tarde Daniella y Elías trepaban por el muro del acantilado al que se habían aferrado en la caída para no matarse, escalaban silenciosa e ininterrumpidamente, sabiendo que eran libres y que el miedo no los volvería a acorralar.


sábado, 1 de abril de 2017

AQUELARRE


Reunión nocturna de brujos y brujas.


"Su misión era mantener
alimentada a la bestia".

Eran las tres de la madrugada. El silencio impregnaba hasta la esquina más oscura de la callejuela en la que David se había citado con Néstor. Habían pasado tres días desde la última reunión, tres largos días en los que el peligro no había dejado de acecharlos a pesar de haber cumplido con los términos del pacto. Los dos hombres eran los nuevos guardianes del secreto de sus antepasados, un secreto que se había llevado por delante millares de vidas. David y Néstor eran hermanos gemelos pertenecientes a uno de los aquelarres más poderosos que la magia jamás haya dado. Su misión era mantener alimentada a la bestia, controlada para que no decidiese salir a cazar por su propia cuenta. Hacía varios siglos que su aquelarre mantenía este pacto sin mayor dificultad, dándole caza a hombres y mujeres que consideraban indignos seres humanos, pero buen alimento para el monstruo que protegían. Hasta esa semana. El apetito del monstruo se había convertido en algo insaciable, la ofrenda diaria de cinco hombres ya no era suficiente… 

- ¡Por fin llegas! Estaba a punto de salir a buscarte - le dijo David a Néstor cuando lo vio doblar la esquina. 

Néstor se acercó a su hermano con una expresión aterradora en el rostro. Sus ojos, habitualmente de un brillante color verde, se habían convertido en dos horribles esferas de color rojo. David no supo reconocer la magia que estaba devorando a Néstor, tampoco le dio tiempo. Antes de que pudiese pestañear su hermano le estaba asestando una certera puñalada en el estómago. Esta vez, la cena era David, rebosante de vida, rebosante de magia. Desde ese momento, un Néstor controlado por la magia oscura de la poderosa bestia se dedicó a dar caza a brujos, guardianes y a toda aquella criatura con más magia en su interior que un simple corazón latiendo.


jueves, 30 de marzo de 2017

IMPACTO


Choque de un proyectil o de otro objeto contra algo o alguien.

Lo único que recuerdo es el impacto. Íbamos de regreso a casa tras hacer una visita a mi tío en el hospital. Recuerdo lo insustancial de la conversación, como desviábamos la atención de nuestra verdadera preocupación hablando del tiempo o del tráfico. Recuerdo como la devastadora imagen de mi tío en aquella cama, casi irreconocible y sin energía tan siquiera para decir hola, nos perseguía desde la mismísima puerta del hospital. Sin embargo, por más que lo intento no recuerdo como llegamos a aquel barranco, solo el impacto contra el poste que posteriormente cayó sobre el coche. Mi madre murió en el acto, sin sufrimiento, sin despedidas... Mi padre agonizó lentamente durante más tiempo del que quisiera recordar. El poste había caído encima de la parte delantera del vehículo, matando a mi madre con un golpe seco y dejándola aprisionada en el interior del coche durante horas, aplastando las piernas de mi padre, generándole cortes de los que brotaban fuentes incontrolables de sangre. Murió por desangramiento, gritándole al cadáver de mi madre que por favor no nos dejase. Se fue apagando poco a poco ante mis ojos. En el mismo momento del impacto lo supe: íbamos a morir. Intenté por todos los medios mantenerlo despierto, salir del coche y ayudarlo, moverme... Pero yo tampoco podía, estaba encerrada en ese ataúd metálico en el que se había convertido nuestro coche, viendo como la luz de los ojos de mi padre se extinguía, gritando, suplicando ayuda... 

No sé cuanto tiempo después llegaron los bomberos o las ambulancias, solo sé que perdí el conocimiento y que desperté sola en una habitación de hospital, desorientada y sin movilidad de cintura para abajo. La parálisis de mis piernas es el demonio que me recuerda lo cruel que puede ser la carretera. 

Días después de despertar en aquella lúgubre habitación de hospital me enteré de la razón de nuestra desgracia. Un conductor ebrio se había aventurado en sentido contrario, provocando tres accidentes similares al que nosotros padecimos. En total cinco vidas fueron segadas de golpe y sin explicación, de manos de un desgraciado en busca de adrenalina. No hay un solo día en el que no sienta la tristeza propia de la pérdida, el vacío en el pecho, una mano invisible arrancándome el corazón. Al igual que no hay un solo día que no sienta un odio atroz e incontrolable reclamando venganza, más que justicia.


miércoles, 29 de marzo de 2017

REVOLUCIÓN


Cambio rápido y profundo en cualquier cosa.

Haz locuras. No pienses, simplemente actúa. Pensar, a veces, no es la mejor opción, al contrario, te lleva a privarte de cosas que pueden ser maravillosas. Sal, baila bajo la lluvia, hasta que salga el sol, descalzo, sin preocupaciones... Corre, corre tan rápido que tus pies no toquen el suelo. Vuela y mira hacia abajo, olvídate del vértigo y disfruta las vistas; el mundo está a tus pies, listo para que lo hagas tuyo. Camina y pisa fuerte, deja tu huella allá a donde vayas, haz que cada paso cuente. Ríe fuerte, canta en alto, besa mucho, abraza más... Siéntelo todo, recuerda que estás vivo y eso implica una responsabilidad. No pases por el mundo asustado, de puntillas, escondiéndote...¡No! Reclama tu lugar, sé valiente. Cierra los ojos, respira hondo y sonríe. Nunca dejes de sonreír. A veces, una sonrisa puede iniciar una revolución.
"Nunca dejes de sonreír".

martes, 28 de marzo de 2017

DÓCIL



Suave, apacible, que recibe fácilmente la enseñanza.

Las montañas siempre habían sido el hogar de Óscar, pero tenía que admitir que  la calma que, por lo general, las había caracterizado había ido desapareciendo paulatinamente. Las bajas entre los pocos vecinos que tenía habían ido en aumento con el paso del invierno. Ya solo quedaban la vieja y dócil Emilia, don Bartolomé, el nieto de éste, que se llamaba Julián y el anciano cura que se había negado a abandonar la capilla cuando el pueblo comenzó a convertirse en una de esas escenas de fantasmas años atrás. Óscar, al igual que el anciano párroco, había hecho caso omiso a las súplicas de sus familiares y amigos; no estaba dispuesto a abandonar la cabaña que durante generaciones había dado cobijo a su familia y mucho menos estaba dispuesto a renunciar al silencio y la belleza que la montaña le regalaba.

"...no estaba dispuesto a abandonar
la cabaña que durante
generaciones había dado
cobijo a su familia".
Aquella mañana de invierno, la nieve apareció teñida de rojo. Óscar siguió el rastro de sangre que centelleaba entre la impoluta blancura y acabó adentrándose en lo más frondoso del bosque. Ninguno de sus escasos convecinos se había levantado todavía y nadie sabía que el hombre se había aventurado sin mapa ni brújula en aquel oscuro paraje. Caminó durante cuarenta minutos hasta que el rastro se hizo imperceptible, miró a su alrededor en busca del origen de la sangre, pero no encontró nada ni a nadie. De repente, un suave alarido, menos sonoro que un suspiro, reclamó su atención. Óscar entornó los ojos e intentó agudizar el oído.

- Huye.... Huye.... Es una trampa...

La voz de don Bartolomé llegó a sus oídos como un soplido de viento. Antes de que le diese tiempo a tomar una bocanada de aire, una criatura mitad bestia mitad humana, le arrancó un brazo de cuajo. Óscar no gritó, no lloró ni sintió nada, solo pudo contemplar la belleza del ser que lo devoraba y darse cuenta de que la vieja Emilia  no era ni tan vieja ni tan dócil.


lunes, 27 de marzo de 2017

AGONÍA


Pena o aflicción extrema.

Samuel se dirigía hacia su casa con los auriculares puestos y las penas a raya. Era una tarde de otoño hermosa, de esas que te incitan a correr entre las hojas secas y lanzarlas al aire. Hacía ya varios días que el muchacho había decidido seguir adelante, la muerte de su madre no podía perseguirlo eternamente, debía pasar página y comenzar su historia en un renglón en blanco. La música sonaba alta en sus oídos, contagiando de electricidad cada célula de su cuerpo, que ahora danzaban enérgicas implorando la extracción del jugo de la vida que solo la música puede estimular.

"El muchacho se quedó solo en
un mundo gris".
Estaba a dos pasos del portal, a dos pasos de llegar a su casa y respirar la ansiada libertad del descanso tras una larga jornada laboral, cuando todo se torció. Una patrulla policial entró apresurada en el edificio y, cortándole el paso, fue informado de que algo había sucedido y que tendría que esperar hasta nuevo aviso para poder entrar. La electricidad que la música había provocado en su cuerpo se había apagado por completo. A pesar de que la melodía seguía igual de alta, Samuel ya no podía oírla.  Instantes después, fue un testigo más entre el expectante tumulto apostado tras el cordón policial, de la extracción de un cuerpo sin vida a través de la puerta principal. La salida de un cuerpo vacío, sin alma rota ya, que dejaría todavía más vacía el alma del muchacho.

Tras dos días de agonía lenta junto al féretro de su padre, Samuel pudo por fin descansar. El hombre no había podido soportar la pérdida de su mujer apenas dos meses atrás y había puesto fin a la tortura que padecía por su ausencia. Pereció en silencio, en soledad, sin que nadie le impidiese su ansiada meta: reunirse con su amada de nuevo. El muchacho se quedó solo en un mundo gris, viéndose forzado a convertirse él también en un ser desprovisto de color. El jugo de la vida en su interior se había secado, la electricidad había desaparecido.

sábado, 25 de marzo de 2017

MANUSCRITO


Texto escrito a mano, especialmente si tiene algún valor o antigüedad, o es  de mano de un escritor o personaje célebre.

"...e inagotables fuentes
 de ideas a la hora de
ponerse frente a la temida
 página en blanco".
Las páginas del libro comenzaron a correr de nuevo. La tinta, apenas un momento antes sólida, había vuelto a su estado líquido original, fluyendo por la mesa del novelista cual río a rebosar en plena tormenta. El joven Gerard se había quedado dormido entre manuscritos, tinta, papeles en blanco y desechos de una novela que parecía inacabable. Ajeno a lo que sucedía a su alrededor, la mente de Gerard viajaba libre por paraísos incorruptibles cuyos dueños tienen nombres célebres e inagotables fuentes de ideas a la hora de ponerse frente a la temida página en blanco.

El descontrolado movimiento de las páginas del inacabado manuscrito levantó un revuelo desaforado en la pequeña habitación del novelista. La tinta había comenzado a caer al suelo, cual cascada hacia el precipicio, y a medida que las gotas tocaban la desconocida superficie las palabras comenzaban a formarse de nuevo, tal vez por miedo a desaparecer en lo desconocido. Sin previo aviso, el caos se tornó calma y en el revoltijo de papeles, plumas y demás artilugios de escritura comenzó a concebirse una forma humana. Las dulces facciones de una bella mujer, de ojos más cristalinos que el agua del lago más puro, se asomaron entre los desordenados papeles. Los restos de tinta que habían caído formando oscuros surcos allá por donde pasaban, daban forma a una brillante melena color azabache. La mujer se acercó al oído del dormido novelista el cual, desconocedor de la realidad, soñaba impávido con mundos terminados imaginados por otros con más destreza en el arte de la escritura que él. Como si de una sirena se tratase, la mujer entonó su cántico en el oído del escritor. No era una canción lo que le dedicaba, sino la sabiduría que él ignoraba:
"Cree en ti como yo lo hago".

- Vuelve a la realidad, mi adorado novelista. La inspiración reside en las pequeñas cosas. En el aire, en el agua, en los besos, en la luna, en las estrellas... En ti. Todos los mundos que sueñas están a tu alcance, solo tienes que crearlos y para crearlos solo necesitas creer. Cree en ti, Gerard. Cree en ti como yo lo hago, mírate a través de mis ojos y ya nunca querrás mirar a otra parte. 

Gerard despertó sobresaltado con la fuerte convicción de que en su habitación había alguien más que él mismo. Tras frotarse los ojos y acostumbrarse a la luz que la ventana filtraba, miró a su alrededor, pero todo estaba tal y como lo había dejado antes de dormirse. A continuación, volvió a centrarse en su interminable historia y las musas lo reclamaron. La página ya no volvería a estar en blanco.



viernes, 24 de marzo de 2017

HÉROES


Persona ilustre y famosa por sus hazañas o virtudes.

"...sálvate tú y admírate a ti mismo".
El mundo se me hace demasiado grande. A veces tengo la sensación de que soy una hormiga a punto de ser aplastada. Quiero huir, salvarme, sobrevivir, pero llego a un punto sin retorno en el que la única salvación es la rendición. La corriente parece apacible, seguir al rebaño sin destacar, sin brillar... Ser la oveja negra es demasiado cansado incluso cuando lo haces sin esforzarte. Los dedos acusadores siempre están ahí, bien acompañados de las miradas reprobatorias y los murmullos lapidarios. No sobresalir, ser invisible... Ojalá tuviese una capa de invisibilidad... Ojalá alguien me salvase de mis demonios mentales y también de aquellos que son de carne y hueso.

Pero entonces me doy cuenta. La invisibilidad no es un don caído del cielo solo al alcance de unos pocos superhéroes; es un poder interior que puedo y debo utilizar a mi antojo cuando lo crea necesario. La superfuerza siempre ha estado ahí, escondida en el enzarzado laberinto de mi mente, dispuesta para el momento en el que decida ser lo que realmente soy. Puedo volar en cualquier instante, esa capacidad nunca ha estado fuera de mi alcance, hay ovejas negras que vuelan tan alto que se ven negras desde abajo porque el sol no alcanza a iluminar la parte visible desde la tierra. Puedo ser cualquier cosa que decida ser, mi mejor o mi peor versión no depende de nada más que de mi mismo. Si necesitas un héroe o una heroína no esperes a que venga a salvarte, sálvate tú y admírate a ti mismo.


jueves, 23 de marzo de 2017

SALVAR


Librar de un riesgo o peligro, poner en seguro.

Laura se sumergió bajo el agua de la atestada bañera en busca de la paz que la superficie le negaba. Veintisiete años tenía y aún no había aprendido la lección: no se debe confiar tu corazón a cualquiera. Cuando volvió a la superficie, respiró hondo. Sus lágrimas se confundían con las gotas de agua aromatizada en las que intentaba ahogar su decepción y su dolor. Entonces, como bajada del cielo, entre vapores celestiales, la lista de reproducción llegó a Save Myself de Ed Sheeran.

"And before I love someone 
else, I've got to love myself".
I gave all my oxygen to people that could breath (Le dí todo mi oxígeno a gente que podía respirar). Era la primera vez que Laura escuchaba esa canción y la primera frase la cautivó de una manera que ninguna otra había conseguido. La melodía impregnó hasta el último centímetro del pequeño baño del apartamento de la muchacha, creando una atmósfera de paz e intimidad que la hizo reflexionar e interiorizar cada verso de la canción. I drove miles and miles but would you do the same for me? (Conduje millas y millas pero ¿habrías hecho tú lo mismo por mí?). A medida que los versos y la melodía avanzaban se dio cuenta de que no era simplemente una canción, era su canción. Había recorrido no solo millas, había recorrido horripilantes senderos entre la dignidad y la humillación y se había tragado el orgullo en demasiadas ocasiones, aún a sabiendas de que ella jamás sería tratada de la misma manera. And all the ones that love me, they just left me on the shelf. No farewell. (Y todos los que me amaban me dejaron en el estante. Sin despedidas). Había confiado tantas veces, regalado su cariño incondicionalmente a aquellos que simplemente le regalaban promesas vacías... Todos y cada uno de ellos la habían abandonado, olvidado en una repisa como una planta mustia a la que nadie quería regar, haciéndola sentir pequeña y sin valor... So before I save someone else, I've got to save myself. (Antes de salvar a alguien más, tengo que salvarme a mí). Ed Sheeran tenía razón, para poder salvar a alguien, para poder ayudar a alguien, primero debes ayudarte tú. Había gastado todas sus reservas de energía intentando hacer felices a los demás sin ni siquiera recordar que ella también tenía derecho a ser feliz. And before I love someone else, I've got to love myself (Y antes de amar a alguien más, tengo que amarme a mí). Y, definitivamente, para poder amar a alguien, primero debes amarte y respetarte tú. 







Aquí tenéis la canción de la que se habla en el texto:

miércoles, 22 de marzo de 2017

CERCA


Próxima o inmediatamente en el espacio o en el tiempo.

"Ella fue el soplo de aire
 fresco que necesitabas
 en aquel momento".
Acércate. Empápate de cada detalle. No sabes cuanto tiempo va a estar ahí, ni cuanto durará la imagen que ahora te regala. No olvides ni un solo recoveco, ni una arruga, ni un brillo. Memoriza hasta la última sonrisa. Quien sabe... tal vez esta que ves sea la última que tienes el lujo de disfrutar. 

Ella fue el soplo de aire fresco que necesitabas en aquel momento y al igual que vino, puede volar. Volar lejos y ser feliz en otro lugar, con otra gente... Pero eso da igual. Lo que ahora debes hacer es acercarte. Respirar su aroma, recorrer su piel, grabar su voz en tu oído, estudiar el recorrido de su espalda, el quilometraje de sus piernas. 


Más cerca. ¿Su nariz toca tu cuello? Entonces estás a la distancia correcta. Si puedes sumergirte en el aroma de su pelo y calentarte con el calor de su cuerpo, quédate ahí. Aprovecha el momento, porque recuerda: nunca sabes a donde se la llevará el viento.

martes, 21 de marzo de 2017

INMISERICORDE


Que no se compadece de nada ni de nadie.


El viento azotaba los árboles con una ausencia de piedad solo propia del más inmisericorde matarife. A pesar de la inclemencia del tiempo Joel y su pandilla habían salido a explorar el bosque con sus bicicletas como cada tarde desde hacía tres meses. El grupo se había formado, nadie podía ingresar como nuevo miembro, nadie podía darse de baja y solo tenían una norma: debían reunirse cada tarde hasta conseguir explorar el bosque que rodeaba el pueblo por completo. 

"Solo Joel consiguió salir de ese bosque".
Las cinco de la tarde. Todos se dirigían al punto en el que el día anterior habían acordado encontrarse. Joel, Julián, Jose, Joan y Jaime. El club de la J. A las cinco y diez solo tres de los cinco integrantes llegaron al lugar de reunión. Minutos más tardes los gritos aterrados de Joan y Julián rebotaban de árbol en árbol, en busca de alguien que escuchase sus plegarias. Joel, Jose y Jaime, emprendieron el camino en busca de sus compañeros, pero los gritos no eran buenos guías puesto que parecían provenir de todas partes. Finalmente, decidieron separarse. 

Solo Joel consiguió salir de ese bosque. Jamás volvió a hablar ni a ser el mismo, lo que allí había visto y vivido lo ahogaba cada día y cada noche haciéndole sentir como la muerte le pisaba los talones. Los cuerpos destripados de Joan y Julián, los gritos de auxilio de Jaime, la sangre mezclándose con el barro, las fauces de la bestia destrozando el cuerpo de Jose y los ojos del horrible monstruo persiguiéndolo a través del bosque...

Esa tarde de febrero de 1993 pudo haber sido muy diferente si los muchachos hubiesen sopesado los pros y los contras de adentrarse en un frondoso bosque con un temporal azotando sus canillas. Si tan solo hubiesen hecho caso de los cuentos de viejos que la abuela de Joan siempre les contaba... Sin embargo, ni siquiera lo dudaron. Cuenta la leyenda que ese bosque está custodiado por una horrible bestia que solo sale de caza los días de tormenta, sin hacer distinciones entre lo humano y lo animal, devora todo aquello a lo que le lata un corazón.


jueves, 16 de marzo de 2017

DESPIÉRTAME


"Supongo que es hora de
ser de acero".
Supongo que es hora de ser de acero. Ser fuerte ya no es suficiente y el hierro es demasiado endeble… Sí, creo que el acero está bien. O tal vez debería ser de titanio como dice la canción. Tengo miedo, no puedo engañar a nadie y decir que no temo a la muerte aunque puede parecer una tontería, pero temo más perder el pelo, que mi rostro cambie y que la gente no me reconozca. Suena frívolo, lo sé, pero no es lo superficial lo que me preocupa, es el hecho de que estoy cambiando internamente. Cada bajón es una patada a mi forma de ser. Me estoy convirtiendo en alguien triste a pesar de la sonrisa que regalo a mi hermano siempre que puedo. Lucho cada día por seguir siendo yo, por ser leal a mí misma y no desaparecer… Si mi exterior cambia será el golpe definitivo para que la enfermedad me gane la partida y dejar de ser lo que soy.
Ver a la chica de la cama de al lado, tan joven, tan guapa... me hace sentirme menos sola. Comprobar que no soy la única persona de mi edad en una situación tan sombría me reconforta. Egoísmo puro y duro. Me siento mala persona, pero tengo derecho a ser débil de vez en cuando, ¿no?



Os presento un pequeño fragmento de mi nuevo proyecto: Despiértame. Esta es la visión de la vida de uno de sus tres protagonistas, Salma. ¡La amaréis!