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sábado, 28 de enero de 2017

INFIERNO

En la doctrina tradicional cristina, lugar donde los condenados sufren después de la muerte, castigo eterno.

Seiscientos cincuenta y dos años, esa es la cantidad de tiempo que llevo confinado en el infierno. Lo que hice en aquella guerra fue lo suficientemente horrible como para que el mismísimo diablo me quisiese en sus filas.

Morí con veintiún años y llevo seiscientos cincuenta y dos teniendo un aspecto veinteañero. Supongo que esa es una de las pocas ventajas de ser un demonio. Aunque, siendo sincero, amo mi trabajo; castigar, flagelar, destrozar y amputar, sin hablar de la emoción añadida de proteger las puertas del inframundo. Ejercer de portero del averno y recibir a todos esos ángeles encargados de controlar que realmente sigamos las leyes de la justicia divina, engañarlos o, simplemente, deshacerme de ellos. Amo esa maravillosa sensación que me causa la sangre ajena brotando sobre mis manos, su olor cubriéndolo todo, inundando el ambiente, convirtiéndose en mi aroma favorito. Aunque ni toda la sangre del mundo es comparable a la increíble sensación de poder que me aporta ver el miedo en los ojos de mis víctimas.

Juro que no siempre he sido así, recuerdo tiempos en los que era un aburrido mortal, tiempos en los que mi voluntad era más insignificante que ahora y que debía mi lealtad a mi rey, el cual, por otro lado, era más bandido que cualquiera de los penitentes a los que he tenido que flagelar desde que trabajo aquí. 

Mi muerte fue producto de la batalla, fui ejecutado por manos enemigas, más enemigas de mi rey que mías. Sin embargo, no puedo decir que yo fuese un santo en vida, sino no estaría donde ahora me encuentro. No, nada que ver con eso, fui un castigador, un demonio encerrado en una carcasa humana. En esa guerra maté a más hombres de los que alcanzo a recordar. Mi primera matanza fue el detonante de lo que ahora soy o, tal vez, lo fue mi muerte. No lo sé, hace demasiado tiempo y me importa demasiado poco.

4 comentarios:

  1. Hola Sanbeta, caminando llegué hasta este infierno de palabras totalmente promiscuas de su belleza, y acá me quedo..
    Gracias, pasa buena tarde, besos reales..

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    1. Bienvenido seas a Yo Pongo Las Normas. Muchas gracias por leerme y comentarme. ¡Un saludo!

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  2. Hola Sanbeta, un placer visitar tu mundo de letras y disfrutar de estos relatos llenos de sentires agónicos de manera directa. Saludos.

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    1. Muchas gracias por tus comentarios y por leerme. Bienvenido a Yo Pongo las Normas, espero que te sigan gustando mis escritos. Un saludo! :)

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