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jueves, 16 de febrero de 2017

AMBICIÓN


Deseo ardiente de conseguir algo, especialmente poder, riquezas, dignidades o fama.

Emma se encontraba inmersa en miles de papeles en el pequeño despacho situado en la parte de atrás de la casa de sus padres. Hacía ya doce años que vivía en la lúgubre vivienda familiar sola, con la única compañía de sus peces de colores y su vieja gata Kitty. Sus padres habían fallecido en un accidente de coche cuando ella acababa de cumplir los diecinueve años, la casa y la gata eran lo único que le quedaba de ellos y decidió quedarse en ella hasta que la vejez se lo permitiese. 

Kitty hacía ya un rato que había decidido abandonarla para ir a guarecerse en el interior de la casa del frío que, indudablemente, era más incipiente en el despacho. No obstante, Emma no podía seguir su ejemplo, debía terminar el trabajo que tenía entre manos o no llegaría a entregarlo dentro de los plazos establecidos. La mujer se encontraba completamente ajena a lo que sucedía en el exterior del habitáculo que ocupaba en ese momento, por lo que no se percató de la presencia del individuo que la vigilaba por la ventana, escondido entre los matojos. 

"...la casa y la gata eran lo
 único que le quedaba
 de ellos y decidió
quedarse en ella hasta
que la vejez se lo permitiese". 
Un chillido agudo la extrajo del mundo paralelo en el que se instauraba mientras trabajaba y la transportó a la realidad. No sabía donde se había originado, pero algo le dijo en su interior que debía comprobar que todo estaba bien. Salió del despacho al patio trasero, avanzó silenciosamente, parándose de vez en cuando para comprobar si algún ruido se repetía. Entonces, llamó suavemente por la gata, la cual, a pesar de ser un animal extremadamente independiente, siempre venía a su encuentro cuando ella la llamaba. Kitty no apareció y esto extrañó profundamente a Emma, que decidió ir en su busca. Rodeó la casa y no la encontró, por lo que subió la escalinata y penetró por la parte trasera en el interior de la cocina. Una vez estuvo dentro, la puerta de entrada se cerró, pero Emma no le dio mayor importancia. La mujer avanzó por la casa hasta llegar al salón, entonces algo  le rozó las piernas y, sugestionada, dio un salto. La gata se estaba frotando contra ella, ronroneando. Emma se agachó, respirando profundamente, y la cogió entre sus brazos aliviada. Una vez se hubo incorporado, un golpe certero la alcanzó en la cara provocándole un corte en el labio y otro en la ceja. Alguien había penetrado en la casa y la había atacado. Más por la sorpresa que por el dolor, cayó de espaldas y con ella la gata, que salió disparada buscando un lugar donde esconderse. No tuvo tiempo a abrir los ojos y descubrir quien la estaba atacando y con qué intención, un tiro entre ceja y ceja la dejó seca en el lugar en el que se había caído, ejerciendo éste de lecho mortal. 

Una semana después, el tío de Emma se encontraba viviendo en la casa que había sido de su familia durante generaciones y que siempre había sido motivo de discordia con su hermano. Jamás se pudo demostrar quien le había causado la muerte prematura a la pobre muchacha, pero los rumores siempre alzaron el dedo acusador en contra del ambicioso hombre que se aprovechó de la situación tras su muerte. 

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