jueves, 27 de abril de 2017

VIENTO

Corriente de aire producida en la atmósfera por causas naturales, como diferencias de presión o temperatura.
"El viento huele a flores,
 a pan recién hecho
y a agua salada". 


El viento huele a flores, a pan recién hecho y a agua salada. Todo dependiendo de donde lo huelas. Por ejemplo, en casa de mi abuela siempre huele a bollos de crema y en la de mi tía Maica, a hierba recién cortada. Solo con imaginarme el olor puedo transportarme a esos lugares y disfrutar de los deliciosos aromas que inundaban mi infancia. Entonces, abro los ojos y me despierto en un lugar muy diferente al que creía. No estoy en mi cama, durmiendo plácidamente, sino en el frio suelo de una nave industrial alejada de la mano de Dios, iluminada por un foco, rodeada de otras personas en mi misma situación. Intento incorporarme y solo en ese momento soy consciente de que estoy gravemente herida en la pierna derecha. Un gran corte atraviesa mi muslo tan profundamente que puedo ver el fémur. Las lágrimas se agolpan en mis ojos e, incontrolables, se precipitan por mis mejillas. Miro a mi alrededor en busca de ayuda y lo único que obtengo es un destello plateado, veloz y mortífero, arrancando de cuajo la vida de la mujer que está a mi derecha. El hombre que empuña el arma se acerca a mí con una sonrisa diabólica en sus ojos, ojos en los que solo se puede ver oscuridad.

- El viento ya no huele a flores, ¿verdad? – me dice justo antes de atravesarme con la espada.



miércoles, 26 de abril de 2017

ERRANTE

Que anda de una parte a otra sin tener asiento fijo.

190 km/h. Chupa de cuero, gafas de sol, el viento en la cara y todo qué perder. Me he pasado los últimos veintidós años siendo un penitente errante, sin patria ni familia, escapando de todo y de nada, siendo y no siendo. La muerte en mis manos, la sangre a mis espaldas, víctimas adornando mi lista de trabajos. Ladrón de día, sicario de noche. Nadie puede salvarme. Me dirijo a un destino sin retorno. Voy a morir, lo sé, lo acepto. Sin embargo, sonrío, soy feliz porque me lo he ganado a pulso. Cada gota de sangre derramada fue lentamente firmando la sentencia de muerte con mi nombre. Las sirenas y las luces se reflejan en el retrovisor y es que siempre me han gustado los finales espectaculares. El final del puerto está cerca, puedo ver como la policía aminora el paso en su persecución. Doy una última calada al cigarrillo que reposaba en el cenicero y subo la música todo lo que puedo, estoy en una puta autopista hacia el infierno.

martes, 25 de abril de 2017

GUERRA

Desavenencia y rompimiento de la paz entre dos o más potencias.

La guerra nos mantuvo lejos. Las bombas, los fusiles, la sangre y la vida escapando de cada cuerpo fueron suficiente para que mi padre nos alejase del que había sido nuestro hogar sin tan siquiera pararse a preguntar. A día de hoy entiendo su postura y su decisión. Por aquel entonces, sin embargo, lo odié por despojarme de todo lo que creía poseer. Mis primos, mis tíos y hasta mi propio padre perecieron en una guerra que no era la suya a manos de enemigos que tampoco eran suyos. Perdieron a su familia, sus hogares y la vida a manos de otros en su misma situación, obligados a luchar por intereses de terceros demasiado cobardes para arreglar sus problemas ellos mismos. Las guerras son el cáncer de una sociedad enferma que se extirpa miembros a sí misma con tal de conseguir ganar el juego. Mi padre lo sabía y por eso murió hace ya sesenta años, solo, con una rosa blanca en la mano como recordatorio de su única hija cuya última mirada había estado plagada de odio y resentimiento. Una hija que está viva gracias a su sacrificio.

lunes, 24 de abril de 2017

DESTINADO

Que fatalmente tiene que terminar de una manera determinada.

"Solo fueron necesarios
gas y cerillas".
Un cruce de miradas, una cerilla y una gran explosión. Imágenes repetidas una y otra vez como una película antigua en un proyector estropeado. Miedo, frustración, rabia, celos y odio mezclándose en una despedida amarga teñida por la sangre y el fuego. Dos amantes, una traición y una única manera de arreglar las cosas, al menos la única manera que a ella se le ocurrió. Solo fueron necesarios gas y cerillas. En cuestión de segundos aquel al que había amado más que a sí misma abandonó este mundo de la mano de quien estaba destinado a hacerlo. “Hasta que la muerte os separe”, había dicho el cura.

sábado, 22 de abril de 2017

MISTERIO

Cosa arcana o muy recóndita, que no se puede comprender o explicar.

"Sonreía silenciosamente mientras
 oteaba la inmensidad azul
que se mecía bajo sus pies".
Alicia se encontraba sumida en sus ensoñaciones, embobada, extasiada por la belleza del mar. Sonreía silenciosamente mientras oteaba la inmensidad azul que se mecía bajo sus pies. Su sonrisa era un misterio, pero pronto se convertiría en mi misterio favorito. Esa dulce expresión de calmado regocijo me traía loco y a la vez me aportaba una cordura que ningún ser racional puede llegar a imaginar. Jamás hubiese hecho caso si alguien me avisase de los peligros que la blancura de su sonrisa me deparaba. Jamás hubiese creído habladurías malintencionadas que mancillasen el honor de alguien como Alicia. Esa imagen, ese momento, ese azul marino combinado con el de su bella mirada me extasiaron y me atraparon para siempre en un bucle de devoción, amor y miradas. Porque la sonrisa de Alicia podía denominarse de muchas maneras, pero ninguna aclaraba el misterio de su belleza.




lunes, 17 de abril de 2017

APRENDIZ

Persona que aprende un arte u oficio.

El joven aprendiz se esforzaba en manejar el noble arte de la artesanía que su maestro intentaba inculcarle. Sin embargo, por mucho que se esmerase y por mucho que practicase no conseguía que su trabajo fuese mejor que un amasijo sin forma ni utilidad. Harto de sembrar sin obtener cosecha, arrojó todo su trabajo al riachuelo que bordeaba el taller, se sentó entre lágrimas, lamentándose por no poder conseguir que su esfuerzo valiese la pena y se enfrentó a la triste realidad de tener que dedicarse a cualquier otra cosa que sí le retribuyese como se merecía, a pesar de que no le gustase. Entonces, algo brilló en el fondo del río. Un destello captó por completo su atención, obligándolo a adentrarse en sus aguas y a descubrir su origen. Sin apenas darse cuenta se sumergió en la profundidad y se aferró al brillante objeto que cada vez se insinuaba con más nitidez. Tiró, tiró con todas sus fuerzas, intentó desenterrarlo dispuesto a no abandonar el agua sin su premio. Tanto tiró que terminó tragando demasiada agua. El joven artesano fue encontrado horas después, aferrado a sus utensilios de trabajo en el riachuelo que bordeaba el taller de su maestro.


miércoles, 12 de abril de 2017

CLANDESTINA

Secreto, oculto, y especialmente hecho o dicho secretamente por temor a la ley o para eludirla.


"Medias de rejilla,
zapatos de tacón,
carmín color rojo,
rímel y perfume de coco".
Medias de rejilla, zapatos de tacón, carmín color rojo, rímel y perfume de coco. En la boca una sonrisa triste y en los ojos la sombra de un llanto reciente. Las ojeras pronunciadas que dan un tono mortal a su impoluta piel blanca, son testigos mudos de lo que las largas madrugadas le deparan. “Si quieres rozar el lujo primero tendrás que rozar otras cosas, cariño” le habían dicho años atrás aquellos que consideraba confiables. Ahora la noche era su vida y su muerte, hombres desconocidos entrando y saliendo de su piso le recordaban una y otra vez los errores que había cometido no hacía tanto tiempo atrás. Siempre creyó que el dinero lo compensaría, sin embargo lo único que el dinero conseguía era encadenarla más y más a una supervivencia, que no vida, clandestina.

martes, 11 de abril de 2017

La Sociedad te está esperando.


"¿Dónde estoy? ¿Qué ha pasado? Lo único que puedo ver es una luz cegadora en el techo que absorbe cualquier visión de mi entorno. Parpadeo varias veces y dirijo la mirada hacia abajo, a algún lugar donde tener los ojos abiertos no sea una agonía. Sigo parpadeando hasta que medio me acostumbro al exceso de luz. Entonces, me doy cuenta de que me duele profundamente el lateral izquierdo del cuello y parte del hombro. ¿Qué me ha pasado? Cuando consigo visualizar el lugar en el que estoy una oleada de pánico me invade. No, no solo me invade… me arrastra a la otra orilla.

La habitación en la que me encuentro es de color gris oscuro, las paredes están manchadas de fluidos que prefiero no reconocer y no hay cama, solo una manta doblada en una esquina. Las paredes son completamente lisas al igual que el techo. La puerta, de un acero oxidado que da la sensación de llevar allí siglos, tiene una pequeña ventana redonda, pero en este momento me siento demasiado cobarde para aventurarme a asomar la cabeza. No hay nada a mí alrededor, ni ventanas ni mobiliario. Lo que sí que hay, es un retrete colocado en el extremo opuesto a donde se encuentra la manta. La habitación es más grande de lo que debiera, si atendemos al hecho de que está vacía. 

El suelo está frío, muy frío y a mí me duele todo. Cuando vuelvo a mirar hacia abajo, ahora provista del don de la vista, me doy cuenta de que estoy desnuda. Completamente desnuda. No tengo pantalones ni ropa interior, lo único que tengo es un reloj digital que me permite saber la hora que es. Pero este reloj no es mío, ¿cómo ha llegado a mi muñeca? Las preguntas se me agolpan con la misma intensidad con la que sube mi vergüenza, mi miedo y mi ira. Examino si tengo alguna herida o golpe y lo único que encuentro es ese punzante dolor en el cuello. Entonces me acuerdo, me han inyectado algo, algo que me ha hecho dormir y, según el desconocido reloj que llevo puesto, he estado sumida en ese horrible letargo unas catorce horas. 

Mi cerebro empieza a funcionar otra vez, noto los engranajes moverse lentamente, pero con decisión. Es hora de levantarse, descubrir dónde estoy y cómo salir de aquí. Me incorporo más rápido de lo que debiera y mi cuerpo me castiga con un inoportuno mareo. Decido tomármelo con calma y me vuelvo a sentar en el suelo. Cuando me siento con las fuerzas necesarias para enfrentarme a la realidad, me levanto lentamente y me dirijo a la pequeña ventana de la puerta. Me asomo con cautela, pero no veo nada ni a nadie. Lo único que puedo ver es un pasillo vacío de un color similar al de la habitación en la que me encuentro. Intento abrir la puerta, pero como me esperaba, está totalmente bloqueada. Forcejeo sin éxito y, de repente, comienza a sonar una alarma acompañada de unas poderosas luces rojas que veo reflejadas en el pasillo. Con la presión del forcejeo he debido activar una especie de alarma antifuga. Sin saber qué hacer, me preparo mentalmente para lo peor y decido afrontarlo con dignidad. No voy a salir de aquí, al menos, no tan fácilmente. Vuelvo al centro de la habitación donde desperté y me siento con las piernas en cuclillas de cara a la puerta, esperando gentil y educadamente la llegada de mi verdugo. Unos tres minutos después, la sirena deja de sonar y escucho una especie de ruido mecánico en el interior de la habitación, busco a mi alrededor el origen del sonido y, solo es cuando alzo la vista, que lo encuentro. Hay cámaras del mismo color que las paredes, probablemente por eso no las había detectado antes, cuando mis ojos estaban adaptándose al nuevo medio. Alguien me ha estado observando. Me levanto desafiante, mirando fijamente a la cámara, haciendo ver que el hecho de que me hayan despojado de mi ropa no me achanta. Entonces, una voz masculina fuerte y rasgada retumba por toda la habitación: BIENVENIDA A LA SOCIEDAD.".

Así comienza la historia de Olivia y si quiere sobrevivir deberá guiarse por su instinto, porque cada día en La Sociedad puede ser el último. Pero, ¿qué es La Sociedad? ¿Por qué han elegido a Olivia? Descúbrelo en mi primera novela de ficción ya disponible en Amazon.


11B


11B. Hace dos días que lo único en lo que puedo pensar es en ese número y esa letra. Aparecen en mis sueños, en mis pensamientos y, de alguna extraña manera, en mis recuerdos. Grandes caracteres negros sobre un fondo blanco. Intento concentrarme en el origen de ese pensamiento y no lo consigo. Me descubro a lo largo del día preguntándome una y otra vez ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Qué? Pero nunca obtengo respuesta. Hasta ahora. Me encuentro en un polígono industrial apartado de la mano de Dios con mi compañero Ricardo (Richard para los amigos), estamos en la furgoneta de reparto esperando un pedido, sin hablar, el silencio solo interrumpido por la monotonía de la radio y justo frente a nosotros puedo ver el enorme cartel blanco con caracteres negros: 11B. Estoy embobado mirándolo, sin entender cómo demonios es posible que haya estado pensando justamente en ese número durante dos días, cuando Ricardo me pega un tiro en la sien.

sábado, 8 de abril de 2017

REFLEJO

Imagen de algo o de alguien reflejada en una superficie.

El reflejo de aquel espejo enloquecía a todo el que osara mirarlo por más de un segundo. Las almas de todo los que había consumido podían intuirse en su interior, luchando por salir o, simplemente, por sobrevivir de alguna manera diferente a la humana. Trece años, cinco meses y seis días habían pasado desde que Valentina había atravesado la superficie reflectante del maldito armatoste. Trece años, cinco meses y seis días que Lucas había pasado sin el calor del abrazo de su madre. Ahora, con catorce años y la decisión más que tomada, había decidido recuperar a su madre de una vez por todas. Con su mochila verde al hombro, una cuerda atada a la cintura y su perro Rufus ejerciendo de vigía, el chico atravesó el espejo con la firme determinación de volver de la mano de su madre. 

Trece años, cinco meses y seis días más pasó su padre frente al espejo esperando el regreso de su hijo. La cuerda que el muchacho se había ceñido a la cintura para asegurar su vuelta, regresó cortada y el único rastro del muchacho residía en la superficie del espejo. Su silueta se intuía entre una de las miles que luchaban por salir, acompañada muy de cerca de la de su amada Valentina. El padre de Lucas esperó y esperó hasta que la propia muerte se presentó en persona a recoger su desgastada alma, ni siquiera en el más allá recuperaría a su familia atrapada para siempre en un maldito espejo embrujado por las malas artes.


jueves, 6 de abril de 2017

PROFANAR

Tratar algo sagrado sin el debido respeto, o aplicarlo a usos profanos.

Mario visitaba a su hermana cada jueves desde hacía doce años. Se dirigía a su encuentro cuando la tormenta comenzó. Los rayos iluminaron el cielo ennegrecido por los oscuros nubarrones y el amenazador estruendo de los truenos ahogó el resto de sonidos que la ciudad arrojaba. Mario abrochó su gabardina e hizo caso omiso de la adversa situación meteorológica que se le presentaba, jamás había faltado a ninguna de sus visitas y el mal tiempo no cambiaría ese hecho. Apresuró el paso y se encaminó calle abajo vislumbrando desde la lejanía su destino. Ensimismado y apresurado, ni siquiera se dio cuenta de que una sombra lo seguía silenciosamente por las callejuelas de la antigua ciudad. Se encontraba a doscientos metros de la puerta de entrada cuando un rayo iluminó la calle y también a la sombra que lo seguía. Un hombre con la cara quemada, sin una mano y con una estudiada cojera lo observaba con una mirada espeluznante. A Mario se le heló la sangre y cayó de bruces debido a la impresión. Otro rayo iluminó la escena durante el tiempo necesario para que el hombre pronunciase las siguientes palabras:

- Ella ya no está ahí.

La luz del rayo desapareció y la calle volvió a quedar sumida en las sombras, entre las cuales ya no se apreciaba al mutilado individuo que lo había asustado. Mario no lo reconoció, pero algo en su semblante y en sus palabras le resultaba conocido. Sin tan siquiera pararse a reflexionar sobre lo que había sucedido, se incorporó y corrió a su destino. Atravesó las puertas del cementerio como una bala en busca de su víctima y corrió a la cripta de su familia. La tumba de su hermana había sido profanada, su cuerpo ya no estaba allí.


miércoles, 5 de abril de 2017

AZUL (III)

Dicho de un color: semejante al del cielo sin nubes y al mar un día soleado, y que ocupa el quinto lugar en el espectro luminoso.

(Este texto es la tercera parte de Azul, si no  habéis leído las otras dos os resultará complicado seguir el hilo de la historia. Para ir a la primera y a la segunda parte solo tenéis que hacer clic aquí: Azul (I) y Azul (II)).

Día 28.
Hoy acompañé a mi madre a hacer la compra semanal. Caminamos por la calle hasta alcanzar un parque repleto de niños felices jugando y saltando, vibrando con la vida que inunda sus venas. Ahí, en ese parque, el corazón se me paró, sentí una punzada de dolor en el pecho y el hueco de mi estómago se hizo más grande, pero no dije nada. Seguí caminando, intentando respirar con normalidad sin llamar la atención ni despertar la preocupación de mi madre. Cuando volvimos a casa subí a mi desconocida habitación e intenté dormir, olvidarme de lo poco que recuerdo.

Cuando desperté descubrí una reunión clandestina en el salón. Bajé las escaleras de la forma más silenciosa posible y me escondí en la penumbra que envolvía el rellano. Mis padres, mi hermano y unos señores a los que no conseguía ver la cara se encontraban sumergidos en una conversación que debía de ser cualquier cosa, pero no agradable. Mi madre lloraba, mi hermano agachaba la cabeza y mi padre, simplemente, escuchaba lo que los señores le decían. Intenté escuchar y mi cerebro consiguió reconocer las voces. Conocía a esas personas. Miguel y María. Esos fueron los nombres que afloraron en mi cabeza. Entonces, la mujer se levantó y avanzó hacia la entrada del salón, miró hacia el techo con una de las miradas más tristes que probablemente haya visto en mi vida. Sus ojos azules lo eran aún más bañados por lágrimas de dolor. Azul, ese azul… Intenté conectar con la conversación, entender las palabras y recordar algo más que unos simples nombres. Pero sus palabras eran alaridos susurrados que hicieron despertar en mi memoria demonios dormidos.

Todos se levantaron y se dirigieron a la salida, iban a descubrirme así que me colé en la cocina sigilosamente. Mi padre los acompañó al coche, mi madre subió a su dormitorio ahogada en lágrimas ácidas que quemaban su corazón más que su rostro. El único que permaneció en el mismo sitio fue Matías, sentado, cabizbajo… No, no estaba cabizbajo, estaba mirando algo. Tenía una foto aferrada entre las manos como si fuese su mayor tesoro y no pude evitar acercarme atraída por un magnetismo más poderoso que la gravedad. No levantó la cabeza pero sabía que era yo. Me senté a su lado y tomé la fotografía de sus manos. Entonces, los recuerdos me enterraron. Eran como una cascada de agua helada que, cuando llegaban a mí, se convertían en hielo, clavándose como puñales.

"Semejante al del cielo o al
del mar en un día soleado".
El día del atentado yo no estaba sola, me dirigía al teatro con mi marido y mi hijo de 10 años. Darío llevaba a Lucas de la mano cuando pisaron una de esas malditas minas. Yo estaba más rezagada observando como la vida me había dado todo lo que necesitaba para ser feliz, entonces mi móvil sonó y me paré a contestar. Fue en ese momento cuando todo se volvió azul. Viví a cámara lenta como mi mundo se acababa. Todo moría con la mirada azul de mi niño. Esos preciosos ojos azules heredados de su padre y su abuela. Esos ojos que me persiguen desde ese fatídico día y que me perseguirán por siempre. Vi el cuerpo de mi pequeño en condiciones que mi cerebro ha decidido distorsionar, agonizando a pocos metros de mí. Intenté moverme para ayudarle, para protegerlo, para salvarlo, pero la explosión me había alcanzado. Grité, me arrastré, supliqué y recé. El mundo estallaba y nosotros con él, todo se movía a cámara lenta a nuestro alrededor. La gente corría asustada, buscando refugio; la vida se escapaba en últimos suspiros, cuerpos desmembrados caían por todas partes, heridos mortales susurrando sus despedidas… La muerte acechaba a la vuelta de la esquina esperando su botín. La siguiente explosión provocó una lluvia de cascotes que nos golpearon y enterraron volviéndolo todo negro.

Día 38.
Hace diez días que sé la verdad. Los recuerdos siguen volviendo, pero ya solo son sonrisas y juegos, recuerdos felices de tiempos que ya nunca volverán. Matías me ha llevado al lugar donde descansan mis ángeles. El no haber podido despedirme, pasar el duelo o vestir el luto maximiza mi dolor. La tristeza que asola mi alma es solo comparable con la inmensidad del universo. Jamás podré olvidar la cara de mi niño en sus últimos momentos, esa imagen me persigue en mis pesadillas y en mis alucinaciones. Juego cada noche a venderle mi alma al diablo a cambio de una última sonrisa de mi pequeño. Sé que Darío lo está cuidando y que ambos me están esperando en el mundo de los sueños.

He vuelto a la que realmente es mi casa, esa casa llena de recuerdos que ahora está desolada. Ya no se escuchan gritos, risas o correteos. Ya no se respira felicidad, ni la luz alumbra con el mismo esplendor. Ahora es solo una casa gris con habitaciones vacías.

En las noticias dicen que han detenido a uno de los terroristas, que tres murieron en el atentado abatidos por la policía y que dos han escapado. Yo solo alcanzo a preguntarme por qué seres tan podridos están todavía en este mundo mientras mi pequeño rayo de luz azul ya lo ha dejado. Cómo individuos tan inhumanos continúan vagando libres mientras el hombre más bueno que he conocido ha perecido en un sinsentido.

Ahora es momento de asumir la realidad, apretar los dientes, tragarse las lágrimas y seguir caminando. Ser fuerte es algo que se le daba mucho mejor a Darío que a mí. Él, con su paciencia infinita y su amor incondicional, me proporcionaba el refugio que necesitaba para calmar mis miedos. Pero ya no está y ahora soy yo la que tiene que caminar sola. Caminar por mis dos ángeles. Es hora de sonreír, gritar, saltar, reír, amar y llorar. Es hora de vivir por todos aquellos que ya no están.



martes, 4 de abril de 2017

La Sociedad


Olivia despierta desnuda y aturdida en una habitación gris totalmente desconocida para ella. Atrapada y desesperada, poco a poco irá descubriendo que no es la única en esa situación y que lo que parece ser un secuestro es algo mucho más grande. Para sobrevivir no solo deberá entrenar su mente y su cuerpo, sino que deberá forjar alianzas con aquellos de los que desconfía. En el transcurso de la novela iremos viendo como su historia familiar y la seguridad nacional se entrecruzan creando un laberinto del que solo podrá salir si confía en sus instintos.

Si os gusta la intriga, la acción, el suspense y el drama no os podéis perder "La Sociedad".


(Links haciendo clic en la foto)
SINOPSIS:
"No confíes en nadie en quien tu instinto no confíe". 
Olivia debe ceñirse a estas palabras si quiere sobrevivir. 
Se enfrenta a una carrera a vida o muerte en la que su
familia y la seguridad nacional son factores cruciales. 

Cada día en La Sociedad puede ser el último.


Prólogo en la pestaña Libro: La Sociedad.



AZUL (II)

Dicho de un color: semejante al del cielo sin nubes y al mar un día soleado, y que ocupa el quinto lugar en el espectro luminoso.

(Este texto es la segunda parte de Azul (I), si no lo habéis leído os resultará complicado seguir el hilo de la historia. Para ir a la primera parte solo tenéis que hacer clic aquí: Azul (I))

Día 7.
Hoy mi familia ha hecho aparición, abrazándome entre lágrimas, desconsolados, con un brillo agridulce en la mirada. Me explicaron que no habían podido verme antes porque formaba parte de los tantos desconocidos ingresados tras el atentado. Ya me habían dado por perdida cuando llamaron del hospital informando de que estaba viva. Mi caso había sido peculiarmente difícil debido a que había perdido mis pertenencias en el caos provocado por las explosiones y gracias a la amnesia que sufría no podía aportar información sobre mi identidad. Nadie sabía quien era o como me llamaba. Sin embargo,  ahora todos me llaman Laura, supongo que ese es mi nombre.

Día 10.
Con el paso de los días comienzo a recordar la cara de mi padre y como me elevaba por los aires cuando era pequeña, el perfume de mi madre inundando cada estancia de la casa y los dibujos de mi hermano, que con el paso del tiempo se han convertido en prodigiosas obras de arte. A pesar de ello, siguen siendo unos desconocidos.

Día 17
Hoy me han dado el alta hospitalaria tras dos semanas en observación. Los médicos me han dicho que no creen posible que vuelva a caminar con normalidad, pero que sí recuperaré parte de la movilidad de la pierna, para ello, tengo que someterme a duras cirugías. 
Tras dos semanas de encierro hospitalario, lo que menos anhelo es el movimiento. Sin embargo, la pérdida de memoria sí me resulta incapacitante. Mi familia me ha traído a su casa y me han instalado en la que dicen que es mi habitación, pero yo no me siento como si esta fuese mi casa. Mi madre me persigue con cara de miedo y con ese misterioso brillo en la mirada. Es como si estuviese feliz y terriblemente disgustada al mismo tiempo. Mi padre ha pedido unos días en su trabajo para quedarse en casa y cuidarme, supongo que, como todo padre, quiere proteger a su pequeña de los monstruos del armario. Mi hermano Matías, sordo a las protestas de mi madre, me habla de las novedades que hay sobre el atentado. Es el único que besa la realidad y quiere que recuerde el pasado reciente. Algo pasa, lo sé. No me lo están contando todo.

Día 22.
Los días pasan y las preguntas se me agolpan. Todo lo que no he hablado en las últimas semanas lo expulso ahora en forma de incógnita que nadie, excepto Matías, quiere resolver. ¿Qué hacía en  Gran Vía? ¿Estaba sola?  A la primera pregunta la respuesta parece fácil, todos me dicen que estaba de compras. A la segunda responden con evasivas y con negativas poco creíbles. ¿Qué me ocultan? Ahora soy consciente de las ausencias que decoran las paredes, de los marcos vacíos y esa extraña sensación de vacío en mis dedos.
Cada noche el azul me persigue, me ahoga  y se convierte en hielo. Hielo que jamás, por mucho que suba la temperatura, se derrite. Mis pesadillas se convierten en alucinaciones y mis pánicos nocturnos en miedos diurnos. Me siento sola, mi familia no llena este hueco en mi pecho. Vivo en un encierro voluntario, ajena a lo que sucede en el mundo real. Pero es suficiente, tengo que salir y respirar. Entre las paredes de un hogar que no siento mío me ahogo.


Mañana subiré el final del relato. Un saludo y ¡gracias por leerme!

lunes, 3 de abril de 2017

AZUL (I)

Dicho de un color: semejante al del cielo sin nubes y al mar un día soleado, y que ocupa el quinto lugar en el espectro luminoso. 

Día 1.
Azul. Todo lo que puedo recordar es un intenso color azul. No recuerdo mi nombre, mi edad, si tengo familia o amigos. Lo único que sé a ciencia cierta es que tengo el pelo negro, los ojos verdes y que no siento la pierna derecha. Varias personas ataviadas con batas blancas han estado visitándome, mirándome con compasión y repitiendo la inmensa suerte que he tenido. Sin embargo, cuando pregunto a qué se refieren y por qué he tenido tanta suerte, la única respuesta es el silencio. Frío, aterrador y devastador silencio.

Día 3.
"Semejante al del cielo sin nubes
y al mar un día soleado".
Con el transcurso de los días sigue rondándome la mente el color azul. Es lo único en lo que puedo pensar. Es absurdo, lo sé, pero me aferro a ello como si fuese un bote salvavidas y mi pérdida de memoria, el más embravecido de los océanos. Por las noches me veo acechada por el pánico. Imágenes en forma de fogonazos bombardean mis sueños dejando la horrible sensación de que la muerte está detrás de la puerta, esperando un descuido para transportarme al infierno. En esos momentos de desasosiego, lo único que calma mi ritmo cardíaco, el agarrotamiento y el sudor frio es la imagen de ese intenso azul. Es como un mantra visual, lo repito una y otra vez hasta que me calmo y puedo dormir sin pesadillas.

Día 4.
La planta del hospital en la que me encuentro está atestada de pacientes en situaciones similares o peores que la mía.  Tras varios días sola en esta sombría habitación, he recibido la inesperada visita de una chica de 17 años  que recorría la planta, desesperada, buscando a su familia. Por lo visto, mi habitación era el último lugar en el mundo que albergaba la posibilidad de que sus padres estuviesen vivos. 
Candela, así se llamaba, me dijo que su familia y ella habían elegido el peor de los días para visitar la que, hasta entonces, era su ciudad favorita. Era una joven sevillana que estaba pasando unas vacaciones familiares en Madrid. Paseaban alegremente por Gran Vía cuando todo colapsó. Candela me contó que los pacientes que ocupábamos esta planta del hospital habíamos sido víctimas de un atentado terrorista y me relató con pelos y señales lo que había sucedido.
La ciudad estaba concentrada en conservar su frenético ritmo sin poder imaginar lo que bajo sus pies se tramaba. Un grupo de malnacidos, cuyo único objetivo era sembrar el terror, habían colocado  bajo cada tapa de alcantarilla de  Gran Vía cargas explosivas programadas minuciosamente para que a partir de las cinco de la tarde explotasen como reacción a la presión ejercida por ciudadanos estresados absortos por la rutina. Candela y sus padres caminaban alegremente, fijándose en todo y en nada, disfrutando de su mutua compañía y de la novedad que les aportaba la ciudad, cuando el fin del mundo comenzó. La gente huía despavorida sin ser consciente de que, precisamente huir, era lo que los estaba matando. Cuando Candela y su familia se creyeron  a salvo, el apocalipsis volvió a desatarse y los tres saltaron por los aires. La muchacha despertó en un  infierno de asfalto, cristales, sangre y cuerpos sin vida, muchos de ellos, repartidos en mil pedazos. Los gritos de dolor se mezclaban con los de auxilio, creando una sintonía estremecedora.
Una vez hubo terminado de contar lo sucedido, sentimientos dormidos en oscuros rincones de mi cerebro despertaron. Sentí dolor, un dolor de esos que taladran el alma. Sentí miedo, un miedo paralizante que me cortaba la respiración.  Sentí una mirada azul penetrándome el corazón. A partir de ese momento, me convertí en una de esas bombas que habían destruido tantas vidas, programada para explotar bajo la más mínima presión.


Esta es la primera parte de un relato más largo que partiré en tres bloques para no hacerlo demasiado extenso en un solo post.  Un saludo y ¡gracias por leerme!
Segunda parte: Azul (II)

domingo, 2 de abril de 2017

BRUMA


Niebla, especialmente la que se forma sobre el mar. 

Los amantes se tomaron de la mano y comenzaron a correr desesperadamente, escapando de los demonios acechantes que se encontraban escondidos entre la bruma. El acantilado se perfilaba ya ante ellos,  un abismo separando el todo de la nada. La espesa niebla comenzaba a pisarles los talones, intentando consumirlos antes de que pudiesen escapar. Llegaron al borde del acantilado y frenaron en seco viendo la muerte reflejada en la densa oscuridad que les ofrecía. Tras ellos, la niebla se materializó con dantescas y amenazadoras formas. Solo les quedaban dos opciones: lanzarse a la desconocida oscuridad que ante ellos se presentaba o dejarse devorar por los monstruos de bruma que los perseguían. 

- No hay escapatoria, Daniella - dijo Elías. 
- Sí la hay.

"El acantilado se perfilaba
 ya ante ellos,  un abismo
separando el todo de la nada".
Los ojos de la muchacha estaban clavados en el oscuro recibimiento que las profundidades del acantilado les preparaba.

- No puedes estar hablando en serio.

Daniella lo miró a los ojos transmitiéndole con la mirada la urgencia de su decisión.

- ¿Confías en mí? - le dijo.
- Más que en mí mismo.
- Entonces, dame tu mano y salta conmigo.
- Nos mataremos.
- ¿Y si no?

Entonces, Elías tomó la mano de Daniella y ambos saltaron al oscuro agujero que a sus pies se abría en el momento exacto en el que los monstruos de bruma se avalanzaban sobre ellos. No se escuchó el batir de los cuerpos contra el fondo, ni gritos, ni el susurro de la muerte... Los monstruos acercaron sus diabólicos ojos grisáceos al borde del precipicio no pudiendo vislumbrar nada más que penumbra. Convencidos de que los amantes habían muerto en la caída abandonaron la persecución y volvieron al lugar al cual pertenecían, al mundo de los miedos. Media hora más tarde Daniella y Elías trepaban por el muro del acantilado al que se habían aferrado en la caída para no matarse, escalaban silenciosa e ininterrumpidamente, sabiendo que eran libres y que el miedo no los volvería a acorralar.


sábado, 1 de abril de 2017

AQUELARRE


Reunión nocturna de brujos y brujas.


"Su misión era mantener
alimentada a la bestia".

Eran las tres de la madrugada. El silencio impregnaba hasta la esquina más oscura de la callejuela en la que David se había citado con Néstor. Habían pasado tres días desde la última reunión, tres largos días en los que el peligro no había dejado de acecharlos a pesar de haber cumplido con los términos del pacto. Los dos hombres eran los nuevos guardianes del secreto de sus antepasados, un secreto que se había llevado por delante millares de vidas. David y Néstor eran hermanos gemelos pertenecientes a uno de los aquelarres más poderosos que la magia jamás haya dado. Su misión era mantener alimentada a la bestia, controlada para que no decidiese salir a cazar por su propia cuenta. Hacía varios siglos que su aquelarre mantenía este pacto sin mayor dificultad, dándole caza a hombres y mujeres que consideraban indignos seres humanos, pero buen alimento para el monstruo que protegían. Hasta esa semana. El apetito del monstruo se había convertido en algo insaciable, la ofrenda diaria de cinco hombres ya no era suficiente… 

- ¡Por fin llegas! Estaba a punto de salir a buscarte - le dijo David a Néstor cuando lo vio doblar la esquina. 

Néstor se acercó a su hermano con una expresión aterradora en el rostro. Sus ojos, habitualmente de un brillante color verde, se habían convertido en dos horribles esferas de color rojo. David no supo reconocer la magia que estaba devorando a Néstor, tampoco le dio tiempo. Antes de que pudiese pestañear su hermano le estaba asestando una certera puñalada en el estómago. Esta vez, la cena era David, rebosante de vida, rebosante de magia. Desde ese momento, un Néstor controlado por la magia oscura de la poderosa bestia se dedicó a dar caza a brujos, guardianes y a toda aquella criatura con más magia en su interior que un simple corazón latiendo.


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