lunes, 28 de agosto de 2017

Enjaulada


Me hacías sentir pequeña. Con tu sola presencia los nervios me ahogaban, la piel se me erizaba y las palabras se me atragantaban. 
Él me hacía sentir grande, importante, especial. No tenía miedo, me sentía en casa. 

Contigo descubrí que me gusta lo desconocido, lo inesperado, lo frenético... la locura.
Con él recordé que la tranquilidad era aquello que mi alma necesitaba, lo que mi corazón imploraba. 

Contigo vivía en una montaña rusa, subidas, bajadas, ahora sí, ahora no.
Con él la línea del horizonte se me quedaba pequeña, porque decidió que su horizonte empezaba y terminaba conmigo. 

Una mirada tuya bastaba para curar mis heridas. Heridas provocadas por ti, heridas provocadas por él. En definitiva, heridas provocadas por mí. 
Una mirada suya me hacía sentir necesitada, querida, ansiada. Para él era una droga; para ti, tú eras mi droga. 

Contigo, verdades dibujadas en silencios, en momentos, en recuerdos.
Con él, secretos cantados al viento, gritados, inmortalizados.

Tú fuiste el humo que quise acariciar.
Él fue el cazador que me quiso enjaular. 


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