viernes, 1 de septiembre de 2017

Te encontraré.

Trescientos sesenta y cinco días sin verte. Trescientos sesenta y cinco días imaginando dónde estarás. Trescientos sesenta y cinco días tachados en el calendario con rabia, doce meses arrancados con furia, un año quemado a base de lágrimas ácidas. 

Te echo de menos, más de lo humanamente posible. Te veo en las esquinas, en los parques, en los marcos vacíos, en mis propios ojos cuando me miro al espejo. Te veo, pero no te veo... Porque ya no estás. Te has ido. Te has ido sin mí. Y duele. Jamás creí que algo pudiese doler tanto. Pero ¿sabes qué? Me alegro de sentir dolor, el dolor me recuerda que sigo viva. El dolor me mantiene viva, porque mientras me duelas, cariño, te seguiré buscando. 

Prometo buscarte en callejones oscuros, en garajes, sótanos, descampados y en el fondo de los ríos. Te buscaré en la casa del vecino, en otros países y en Júpiter. Construiré un cohete, un barco, alquilaré un avión o pediré un camello. Haré lo que tenga que hacer, eso es lo que las madres hacemos. Te buscaré muerta esperando encontrarte viva. Y te encontraré.


4 comentarios:

  1. Dolor de una madre ante la ausencia. Es tan triste, un desvivir cierto que no ceja el empeño hasta la muerte en la búsqueda. Buena narración Besos!!

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  2. No logro imaginar ese dolor. Lo cierto es que debe ser el único sentimiento que se experimenta ante la pérdida de un hijo. Todo lo demás sobra, no cuenta.
    Buena narración Sanbeta

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