martes, 26 de diciembre de 2017

Felices, siempre felices.

Hoy hace exactamente un año que empecé este blog. ¡Cómo pasa el tiempo! Un año de aprendizaje, de metas, de letras, de historias, de libros, de alegrías y decepciones, un año de decisiones, de éxitos y fracasos, de sonrisas, de lágrimas, de incertidumbres, de intentos, de luchas, de besos, de abrazos, de gente entrando y saliendo tanto del blog como de mi vida. Un largo año que en realidad ha sido extremadamente corto, porque la longitud del tiempo es más relativa de lo que pensamos. Depende de como lo pasemos y de como lo aprovechemos. Una tarde de cine puede ser eterna si no elegimos bien la película. Sin embargo, hay películas de tres horas que se pasan en un suspiro. Una noche que pintaba aburrida puede sorprenderte viendo el amanecer, sin ganas de volver a casa porque la compañía te hizo olvidarte hasta del mundo. Elegir bien a las personas no es fundamental, aquellas que crees que no deberían haber aparecido, en realidad tienen un propósito sin darse cuenta: hacerte más listo, más fuerte. Y aquellas que pagarías por haberlas conocido mucho antes te hacen valorar incluso más el tiempo que pasas con ellas; el ahora y el aquí, porque el mañana todavía no existe y en realidad no sabes con seguridad si existirá. 

Pero a lo que iba, que me enrollo más que una persiana. Ha pasado un año y espero que pasen dos, tres, cuatro.... mil. Mil años más pudiendo compartir con vosotros (lectores asiduos, lectores casuales, amigos, mamá, Isa,...) un trocito de mi alma transformada en literatura. No pude elegir mejor época para embarcarme en semejante aventura, porque así tengo una doble excusa para deciros lo siguiente: FELIZ NAVIDAD. Pero no solo Navidad; también feliz año, feliz siglo, feliz vida. Feliz siempre. Feliz ahora. Felices, siempre felices, que las penas tarde o temprano se van como las nubes que dejan paso al sol. 



miércoles, 13 de diciembre de 2017

Latidos en silencio.

El espejo me saluda cada mañana con una sonrisa que no reconozco. Vacía, cansada, sin vida. Yo le digo hola y asumo que ese es mi nuevo yo. Brillante por fuera, desolada por dentro. Dos personas en una, separadas por una gruesa capa de acero.

Camino entre la gente sin verla realmente, la esquivo, huyo de su encuentro. Me pregunto si siempre he sido así o esto solo es el resultado de tu recuerdo. Me pregunto si algún día te perdonaré el haberme destruido por dentro. A veces creo que hasta me he olvidado de como respirar, luego recuerdo de que es un movimiento automático, mecánico y me alegro por ello. A pesar de todo, no me hubiese gustado dejar de hacerlo.


Tal vez hoy el silencio es la banda sonora que ayer fue el latido de tu corazón, tal vez, solo tal vez, mañana el sonido de una risa sincera sea la melodía que amenice mis días. 


lunes, 11 de diciembre de 2017

Decisiones a punta de pistola.

Una pistola apuntándome en la sien, fría y sin sentimientos, como aquel que la sostiene. Dos minutos es el tiempo que me queda para  decidir si quiero vivir siendo un traidor o morir fielmente por el secreto de otros. Tres años han pasado desde aquel momento en el que elegí quedarme en el bando equivocado por amor a alguien que ni siquiera sabía que yo estaba a su lado. Las decisiones tomadas con el corazón (o con la bragueta) no son decisiones, son cagadas, impulsos que nos llevan a complicarnos la vida. Lo supe entonces y lo sé ahora. Cuatro han sido las veces que he escapado de la muerte para volver a su abrazo mecánico y cinco son las cicatrices que recorren mi cuerpo convirtiéndolo en un mapa de malos senderos que no se deben volver a cruzar.

 Vamos, Martín. No tengo todo el día. Suéltalo ya. ¿Dónde está el cargamento?

Un escupitajo sale de mi boca y aterriza en su cara. Una bala atraviesa mi cabeza. Oscuridad.


Mis libros

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Clic en la imagen y a leer, ¡adelante!